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Alexandra Palmieri Di Iuro

Ecosocialismo: pura cháchara

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En los últimos días Nicolás ha manifestado una repentina preocupación por algunos de los tantos daños ambientales que se producen en el país. La desfachatez no tiene límites y en medio de represiones, torturas y asesinatos, al hombre le dio por angustiarse por los árboles, ríos y parques, “reimpulsando el ecosocialismo”.

Resaltó la importancia de fortalecer la conciencia ecosocialista, para lo cual anunció la creación de la Escuela Nacional de Formación de Líderes Ecosocialistas de Venezuela; instó a los líderes ecosocialistas a realizar un recorrido casa por casa para elevar la educación ambiental; y ordenó dotar a la guardia del parque nacional Waraira Repano de caballos y mulas para su mejor resguardo y protección, entre una que otra charlatanería adicional.

Según el Plan de la Patria 2013-2019 es un objetivo contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana, para lo cual –en resumidas cuentas– es fundamental cambiar el modelo económico capitalista culpable de todos los males. Dentro de ese objetivo llamado “histórico” se encuentran metas nacionales y estratégicas que aunque carecen de suficiente contenido y se exceden en lo cursi de su redacción, podrían considerarse una mínima demostración de interés por parte del gobierno en la implementación de políticas públicas protectoras del medio ambiente. Sin embargo, son muchos los ejemplos que demuestran lo inconsecuente que puede ser el gobierno venezolano en la ejecución de sus propios objetivos. Mucho hablar y poco hacer.

Un ejemplo es la ineficaz Ley de Gestión Integral de la Basura sobre la cual ya escribimos. Entre otras cosas, carece de un reglamento y de un Plan Nacional de Gestión Integral de los Residuos y Desechos Sólidos, ambos instrumentos que según su propio mandato debían aprobarse hace más de dos años. Una muestra de la falta de compromiso político. Sin embargo, quisiera aprovechar el repentino “reimpulso” del ecosocialismo para insistir sobre la urgencia de dictar un completo reglamento de la Ley de Gestión Integral de la Basura, y contar así con un marco normativo más sólido que permita la elaboración del mencionado plan. El gobierno venezolano tiene las herramientas y los recursos para elaborarlo y ejecutarlo, y pareciera que el único obstáculo es su propio desinterés.

Ante el “reimpulso” del ecosocialismo, y para no quedarnos en la crítica, sería útil proponer al gobierno estudiar con profundidad la Guía para la Elaboración de Estrategias Nacionales de Gestión de Residuos, iniciativa conjunta del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y del Instituto de las Naciones Unidas para Formación Profesional e Investigaciones, cuyo contenido es respuesta a las recomendaciones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible –Río+20– en la cual Venezuela participó y en la que se instó a la elaboración de estrategias, leyes, reglamentos y políticas nacionales integrales de gestión de residuos.

El punto de partida sería la elaboración de un reglamento de la Ley de Gestión Integral de la Basura, pero sobretodo el cumplimiento y observancia de su contenido. Un reglamento que además debería contemplar instrumentos económicos que incentiven la reducción de generación de residuos por parte del sector privado.

Además, es necesario un cambio de actitudes y prácticas: educación ambiental de consumidores y empresarios; voluntad política y responsabilidad de una entidad que asuma el liderazgo en la dirección y gestión del plan; evitar la toma de decisiones a nivel nacional que anulen iniciativas locales: la relación debe ser productiva y de esfuerzo mutuo entre las entidades político-territoriales.

Resulta muy útil documentar éxitos, fracasos y lecciones de otros países más avanzados en la materia, con el fin de compartir y aprender de sus experiencias. Una iniciativa exitosa es la Política Nacional de Residuos Sólidos de Brasil aprobada en 2010, cuya base es la sostenibilidad. La experiencia española también podría estudiarse, toda vez que además de contar con un Plan Nacional Integral de Residuos, también cuenta con un Programa Estatal de Prevención de Residuos que describe la situación actual de la prevención en España, realiza un análisis de las medidas de prevención existentes y valora la eficacia de las mismas.

También se deben identificar claramente las metas generales y concretas: los beneficios que se esperan y los medios para alcanzarlos; los plazos para lograr la meta; la vinculación con otras políticas afines como la política energética, la ambiental o la de salud pública; la financiación del plan integral de gestión de residuos; las partes involucradas y organizadas en distintos grupos de trabajo (gobierno, sector privado, ONG, la comunidad, trabajadores de la gestión de residuos, proveedores, docentes y expertos, etc.).

Es fundamental estudiar la situación actual: ¿cuáles son las carencias y cómo se está manejando la situación?; ¿cuáles son las prioridades nacionales?; ¿cuáles son las actuales políticas públicas a nivel municipal?; ¿cuál es el nivel de sensibilidad y educación ambiental de la comunidad?; ¿cuáles son los impactos actuales de los residuos sobre la salud, la pobreza y el medio ambiente?

Son apenas algunos primeros pasos a seguir para lograr la elaboración y ejecución de un Plan Nacional de Gestión Integral de los Residuos y Desechos Sólidos, con el cual se garantice el cumplimiento de obligaciones asumidas por el gobierno venezolano a escala nacional e internacional. Queda de Nicolás y de sus ministros demostrar un mínimo de responsabilidad y coherencia entre lo que se pregona y se hace. Menos cháchara y más compromiso.