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Billy Vaisberg

¿Economía compartida o negocios forajidos?

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Unas 200.000 personas, dispersas en 30.000 ciudades en más de 150 países, pasarán esta noche en una habitación vacacional seleccionada y pagada por medio de la web. No se trata de una conocida cadena de hoteles, sino de propiedades administradas por AirBnb.com, empresa fundada en 2007 y valorada en 10.000 millones de dólares, que además de habitaciones, casas y apartamentos ofrece en alquiler castillos, cuevas, islas privadas, casas de cristal, faros y hasta iglúes.

Por otro lado, en unas 100 de esas ciudades del mundo, centenares de personas se dirigen a sus casas o trabajos utilizando un método de transporte más económico, más eficiente y más fácil de pagar que los taxis o autos de alquiler tradicionales. Lo hacen en unidades de transporte coordinadas por Uber.com, empresa fundada en el 2009 y valorada en us$18 mil millones (el startup con mayor valoración en la historia; en comparación, Avis vale unos 6.000 millones).
Se tratan de los ejemplos más representativos de un relativamente nuevo modelo de negocios que está dando de qué hablar y atrayendo grandes cantidades de emprendedores y “capital de riesgo”, el de la llamada “economía compartida” o del “consumo colaborativo”. Es un modelo disruptivo que está amenazando seriamente a los negocios establecidos. Las industrias de hospitalidad y transporte urbano han sido las primeras estremecidas, pero con el tiempo seguramente llegará a cualquier negocio, especialmente aquellos que no se hayan adaptado a los cambios tecnológicos.

La idea fundamental es compartir recursos excedentes o subutilizados (viviendas y autos en estos casos) con quienes los necesiten temporalmente. Gracias a las aplicaciones móviles y a otros adelantos de la tecnología, los proveedores y consumidores de estos recursos pueden ponerse de acuerdo y cerrar un trato en forma eficiente y novedosa, evitando a los proveedores tradicionales.

AirBnb.com, por ejemplo, es un servicio que permite alquilar propiedades residenciales por corto tiempo. Si usted por ejemplo tiene espacio libre en su vivienda, puede alquilar una habitación a quienes vengan a la ciudad por unos días. Si usted sale de viaje, puede alquilar su casa o apartamento por unas semanas. Usted se gana un dinero extra, y su inquilino se ahorra un monto importante si lo compara con el costo de un hotel. Todo ocurre a través de la página o aplicación de AirBnB.com, donde a ambas partes se les garantiza una buena experiencia, seguridad, transparencia y un precio razonable.

En el caso de Uber.com, se comparte el servicio de transporte. Los usuarios registrados con auto ofrecen viajes cortos a quienes en otras circunstancias solicitarían un taxi. El “viajero” disfruta de una experiencia cómoda, puede hacer seguimiento al auto desde su celular, pagar online y ahorrar dinero. Nuevamente, el dueño del auto se gana un dinero extra, aprovechando su auto y su tiempo ocioso. Uber impone una larga lista de medidas de seguridad (exige seguro de auto y viajero, inspección del vehículo, transparencia entre chofer y usuario), pero no han faltado incidentes desagradables.

Estas empresas van más allá de la hospitalidad y el transporte. La verdadera innovación está en la construcción de confianza, en la socialización entre proveedores y clientes, y quizás la más importante, en el “Big Data”. Con los millones de transacciones que registran, están creando gigantescas bases de datos de recursos, gente y comportamientos (como hábitos de uso y la calificación de las experiencias).

Es un cambio enorme, pasar de la creación de nuevos productos y servicios, a organizar y ofrecer acceso a productos y servicios que ya existen. En lugar incentivar la construcción de nuevas habitaciones para turistas, por ejemplo, se incentiva a aquellas empresas que mejor puedan conectar al turista con el dueño de una habitación ya existente, usualmente un ciudadano común que no tiene costos de inversión. Los efectos de este cambio para la economía en general todavía no se han podido cuantificar.

El mundo de Silicon Valley y de los emprendimientos celebra este tipo de negocio, al igual que lo hace cada vez que con creatividad e innovación alguien es capaz de amenazar al status quo, especialmente si la industria en cuestión es ineficiente y tiene años o décadas sin mejorar ni adaptarse a las nuevas realidades económicas y tecnológicas. Obviamente no todos están contentos. Las empresas que ven su negocio amenazado, los gremios que las agrupan, los gobiernos locales y hasta los vecinos (en el caso de AirBnB.com) están al pie de lucha. Para ellos, la supuesta “economía compartida” no es más que negocios al margen de la ley, que compiten en desigualdad de condiciones.

Quienes se oponen tienen argumentos muy válidos. Se trata de una competencia injusta, puesto que quienes participan en este tipo de servicio no están sujetos a las mismas regulaciones que se le exigen a las empresas tradicionales (seguros, certificados, permisos) y en muchos casos no pagan impuestos.

La pelea entre ambos puntos de vista se está dando en varias de las principales ciudades del mundo. Una de las batallas más relevantes ocurrió en Barcelona (España), donde recientemente comenzó a funcionar Uber; los taxistas locales recibieron la noticia con una huelga. Desafortunadamente para ellos el efecto de la huelga fue contrario a su objetivo: sirvió para que millones de españoles, que nunca habían escuchado de Uber, se enteraran de su existencia. La empresa, mientras tanto, aprovechó la huelga para ofrecer un descuento de 50%.

Cada día surgen un nuevos emprendimientos orientados a complementar, mejorar o ampliar a AirBnb (VRBO, Roomorama) y a Uber (Lyft,  BlaBlacar). En espacios similares como estacionamiento y talleres mecánicos ya hay empresas incursionando. Hay incluso quienes han intentado alquilar recursos que no les pertenecen, como los puestos de estacionamiento públicos. El modelo se expande poco a poco a otras áreas: el AirBnb de las finanzas, el Uber de los seguros, etc.
El enfrentamiento seguirá, a medida que los consumidores aprovechen las ventajas de compartir y las partes se midan en escenarios legales y políticos.

Seguramente navegaremos hacia soluciones intermedias, en las cuales las empresas de la “economía de compartir” se vayan acercando hacia el cumplimiento de las formalidades, a la vez que las leyes y reglamentos se vayan adaptando a las nuevas realidades. El escrutinio y la controversia a la que están sometidos los pioneros de la “economía compartida” atentan contra la supervivencia del modelo de negocio, pero la historia usualmente respalda al innovador, especialmente cuando le da al consumidor lo que este quiere. Como dijo el conocido emprendedor Marc Andreessen, “el software se está comiendo al mundo”.

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@vaisberg