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Enrique Santos Molano

Eco y los lugares legendarios

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No existe otro medio de viajar a los lugares más fantásticos, y a las realidades más inverosímiles, distinto de la literatura. Desde los tiempos en que Homero se la inventó, hasta nuestros días, la literatura ha sido la fuente suprema del soñar humano, la máquina del tiempo que nos permite el acceso a lugares que la realidad construye y que la imaginación literaria descubre.

Como lectores hemos acompañado a Gulliver en sus viajes al país de los enanos y al país de los gigantes; compartimos los días en que Sancho Panza fue gobernador de la ínsula Barataria; estuvimos en Ítaca para acompañar a Penélope en sus días de soledad y quizá hasta la ayudamos a tejer y a destejer la tela con que mantenía a raya a sus pretendientes mientras alimentaba la esperanza del retorno de Ulises. O pasamos algún tiempo en la Isla de Utopía, para aprender la gran lección de los utopistas: nada es utópico.

Umberto Eco, el espléndido intelectual y escritor italiano (Alessandria, en el Piamonte, 1932), nos ha obsequiado la posibilidad de tener esos lugares a mano. A finales del año pasado se publicó su libro Historia de las tierras y los lugares legendarios (Lumen/Random House para la edición en español). Deslumbrante performance literaria y artística, nos convida a revivir aquellos viajes inolvidables de infancia y juventud que hicimos de la mano, o por cuenta de la pluma y de la capacidad de imaginación de escritores que podían llegar con el vuelo de sus mentes a lugares imperceptibles al común de los mortales y ponerlos al alcance de cualquiera con la audacia suficiente para vivir la gozosa aventura de leer.

Existieran o no en el mundo físico esas tierras y esos lugares legendarios, el caso es que existen ahora, como consta en el libro de Umberto Eco: por él podemos entrar en el universo asombroso de los lugares que, dice el autor en su prefacio, “han creado quimeras, utopías e ilusiones, porque mucha gente ha creído realmente que existen o han existido en alguna parte”.

El libro de Eco no se ocupa de las invenciones novelescas “que algunos lectores fanáticos intentan en ocasiones identificar con escaso éxito. Otras veces se trata de lugares novelescos inspirados en espacios reales, donde los lectores pretenden descubrir las huellas de los libros que han amado, del mismo modo que los lectores del Ulises cada 16 de junio tratan de identificar la casa de Leopold Bloom en Eccles Street, en Dublín, visitan la Torre Martello convertida hoy en un museo dedicado a Joyce, o desean comprar en una determinada farmacia el jabón de limón adquirido por Leopold Bloom en 1904”. El designio de Eco es buscar “la realidad de las ilusiones” que han dado origen a las tierras y los lugares legendarios, y que, como las otras invenciones, las novelescas, son así mismo el producto de la literatura, no de los caprichos de determinados autores que quisieron inventar unas leyendas, sino de un acabado trabajo de la imaginación en complicidad con la realidad.

¿Por dónde nos lleva Eco en este viaje de recreo hacia las tierras y los lugares legendarios? Arranca el itinerario por la Tierra Plana y las Antípodas; después se adentra en las tierras de la Biblia, sigue hacia las tierras de Homero y las siete maravillas, y de ahí endereza a las maravillas de oriente, de Alejandro al preste Juan. Da un salto brusco y nos arrastra hacia el Paraíso Terrenal (¿hubo uno alguna vez, o la Tierra ha sido siempre el infierno que es hoy?), de donde lo echan por no comerse la manzana, y pasa a las Islas Afortunadas y a las desafortunadas tierras de El Dorado. Luego toma tiquete para la Atlántida, Mu y Lemuria. El recorrido continúa por la Última Thule e Hiperbórea, las migraciones del Grial, Alamut, el viejo de la montaña, y los Asesinos, el País de Jauja, las Islas de la Utopía, la Isla de Salomón y la Tierra Austral, el interior de la Tierra, el mito polar y Agartha, y finaliza en la invención de Rennes-le-Château “que ha adquirido un carácter legendario debido a especulaciones comerciales muy recientes”.

Advierte Eco al principiar que el libro de las tierras y los lugares legendarios no trata de aquellos surgidos en las creaciones novelescas; pero no puede resistirse a dedicarles el último capítulo. Que por cierto no es el menos interesante.