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Eduardo Semtei

Échale gasolina

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Nuestro ídolo latinoamericano Ramón Luis Ayala Rodríguez nació en Puerto Rico por allá en 1977. Tiene hoy 37 años de edad. Un muchachón todavía. Más bien un adulto contemporáneo. Logró introducir el ritmo del reguetón en la esfera mundial. Su disco Barrio Fino, de 2004, recorrió países y continentes. Batió récord tras récord. Y todo gracias a la canción “Gasolina”. Es exactamente lo mismo que les sucede a nuestros dirigentes petroleros. Se harán cada vez más famosos gracias a la gasolina. Que si la suben. Que si no la suben. Que si venden Citgo. A lo mejor nada. Quieren ir a reunirse con los banqueros neoyorkinos, con la crema innata y rancia del capitalismo mundial, en el centro mundial del imperio, en la mismísima Wall Street y entonces alegan que tienen diarrea y que viajan lueguito. Vuelven por las andanadas y fijan nuevas reuniones y nuevamente se excusan por cuadros virales y catarrales y la procesión va por dentro. Ramón Luís por el contrario es claro. Directo. Sin tapujos. Échale gasolina, repite en todos los escenarios del mundo.

A Daddy Yankee, su nombre artístico, no le importa el precio, no lo atemoriza, no se esconde. Échale gasolina, repite mientras que el nuestro, Rafaelíto, anda y desanda. Adelanta y retrocede. Se espanta y brinca. Busca a Dios por los rincones. Quiere subir el precio de la gasolina a 2,50 bolívares por litro. Ya los estudios están hechos. Ellos saben claramente cuánto dinero va a ingresar por los aumentos. Tienen un cuadro donde dice el supuesto destino del aumento. Tanto para pensiones de vejez. Tanto para vivienda. Tanto para programas de salud. Tanto para programas de seguridad. Pura paja. El presupuesto solo alcanza para pagar salarios. No hay mucho para inversiones. Por esa razón están paralizadas, congeladas en el tiempo la construcción de los trenes, de los metros, de las viviendas, del nuevo puente sobre el Orinoco, la fábrica de taladros petroleros, de bicicletas, los mataderos, las autopistas. Se acabó el billete. Del petróleo que sacamos del corazón de la tierra, casi un millón de barriles se van a China para pagar las deudas de unos préstamos que llegan a los 50.000 millones de dólares y no sabemos ni creo que sabremos nunca qué se hicieron.

Y Daddy sigue. Échale Gasolina. Parece que le gritara a Ramírez, en su cara, con desparpajo. Échale gasolina. Y nada que le echan. El fantasma del 1989 ronda. Vive. Respira. Trashuma. Un aumento del precio de la gasolina sin suspender antes la venta preferencial, tanto en precios, como en transporte y tasas de interés a Cuba y los menesterosos del Caribe no es posible. Son más de 400.000 barriles diarios. Ni Daddy se atrevería a tanto. No hay fórmula para saber cómo va a reaccionar la gente cuando suban el precio del transporte. Un pequeño bus de 200 litros pasará de pagar por un tanque lleno de 20 bolívares a 500. Si mal no calculo, el pasaje aumentará, digamos el de Guarenas-Caracas, de unos 15 bolívares a 35 cada ida y cada vuelta. Ay Dios. Verdad que no se sabe cómo reaccionará el consumidor, el pueblo mismo, pero si aquel 89 cuando varió el pasaje de 1 bolívar a 3 hubo rayos, centellas, saqueos, tiros, palos y bofetones allá en la Galera Tres, digo, en la Guarenas Tres, ahora no quiero ni imaginarlo.

Y vuelve la cancioncita Échale Gasolina. Daddy los persigue. Los atormenta. Los achicopala. Y nada que es un contento. Y cero billetes para el crecimiento. Cero para la inversión. Además tienen la otra perlita de la unificación de la tasa de cambio. El desmontaje del control de cambios. El reconocimiento al fracaso. Pobre difunto. Se revolverá en su tumba cuando se dé la reunión del gobierno con los cachorros del imperio, cuando se sienten en mullidos muebles en la Sala Ejecutiva del Dow Jones y se intercambien miradas de amor. Y la inflación sube que sube. Ahora para remate recesión. Tenemos nuevamente estanflación. Único país en el mundo con esa maldición económica. Tremendo récord. Guinness para Giordani. Que después de muerto sigue jodiendo. Andan pero chorreados. Dizque un referéndum para aumentar la gasolina. Para buscar justificación. Si le preguntáramos al público, en respuesta definitiva, a quién prefiere oír, ver, admirar entre Daddy Yankee y Nicolás Maduro ¿Qué contestaría usted, querido lector? Ramón Luis para presidente.

@ssemtei