• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Rodolfo Izaguirre

Échale bruca maniguá

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Escuché a un hombre de mi edad, dogmático comunista de hoz afilada y pesado martillo, quejarse de los jóvenes que se empeñan en cantar en inglés sin entender lo que dicen los cantantes y lo consideraba como un agravio, una traición cultural y una irresponsable entrega al imperialismo. Es cierto: los muchachos manifiestan su devoción a los cantantes de su preferencia cantando las canciones que los hacen famosos sin conocer el idioma, sin entender la letra de las canciones. ¡Las oyen tantas veces que terminan aprendiéndolas! Sin embargo, increpé al ofuscado camarada y le hice ver que no tenía autoridad moral suficiente para sostener lo que decía y menos para criticar a los jóvenes y denigrar de ellos porque siendo muchacho y mientras movía las caderas escuchaba a toda hora una canción cubana y cantaba: ¡Yane me tabá labio de burí. Yenyere bruca maniguá. Abre cuitabuirindingo bruca maniguá Ae! Imitaba a Miguelito Valdés cuando nombraba a Chacumbele y afirmaba, como si lo hubiese conocido de toda la vida, que él mismito se mató y cuando le preguntaban qué significaba ¡bruca maniguá, ae! y quién era ese tal Chacumbele levantaba los hombros y hacía una mueca entornando los ojos para indicar que no tenía la menor idea.

¡Han pasado los años! Las canciones vienen, los cantantes van; algunos son de la loma y tan fascinantes resultan sus trovas que también me las quiero aprender. Seguimos sin saber quién era Chacumbele pero conocemos a una figura de nuestra política que carga ese nombre por los desatinos, asperezas y bravuconadas que terminaron por desgraciarlo justo cuando aspiraba a perpetuarse en su propia autocracia. Sin embargo, con el país cubanizado, yoruba, santero, desorientado y al garete, es decir, extraviado, sin democracia, sin harina, sin azúcar, sin pasta de diente y sin enjuague bucal y llevado por el viento y la corriente sabemos, al menos, que bruca quiere decir monte, y manigua, selva, y los Chacumbeles, tanto el propio como el otro, han terminado hundidos misteriosamente en el mal afamado mar de la felicidad.

Yo canturreaba algunos boleros, caminaba tranquilo por mi vereda tropical e imitaba, sucesivamente, a Juan Arvizu, a José Luis Moneró, a Bobby Capó, a Lucho Gatica, a Leo Marini. Me desvelaban las trasnochadas canciones de Agustín Lara; desvivía por el Trío Los Panchos y confieso que me sabía la letra de Juan Charrasqueado que fue borracho pendenciero y jugador y se creía consentido de las mujeres. Vi cómo tomaba vida una bella muñequita de Esquire; no pude evitar que la niebla del Riachuelo me amarrara al recuerdo y no me importaba que quedara el infinito sin estrella y perdiera el ancho mar su inmensidad porque estaba seguro de que en la mujer amada, el negro de sus ojos y el color canela de su piel permanecerían intactos.

Pero los muchachos que cantaban “Only you” con Los Platters; meneaban las caderas como Elvis The Pelvis Presley, deliraban con Paul McCartney y cantaban “Yesterday” lo hacían sin entregar sus almas y su cultura a ningún imperio venenoso y cruel. Muchos de esos chicos se superaron a sí mismos, terminaron hablando inglés con soltura y consiguieron buenos empleos dentro y fuera del país; lo que permite suponer que con “Only you” se llegaba a alguna parte, pero con el “Échale bruca maniguá” (¡no hay ofensa, yorubas!) no se llega a ninguna, y en definitiva el idioma inglés viene a ser más útil que la lengua con la que siendo muchacho el viejo camarada de la hoz y el martillo en el rabo se desgañitaba con el ¡cuitabuirindingo bruca maniguá Aé! En lo personal no logré dominar el inglés. Sin embargo, para mi propia gloria descubrí que I believe in yesterday!