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Leopoldo López

Venezuela y el petróleo (II)

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En el artículo anterior analizamos cómo durante años el pensamiento político con respecto al petróleo ha estado signado por una visión negativa, al punto de ser tildado como “excremento del diablo”. Repasamos brevemente cuáles han sido las prioridades de la política petrolera venezolana durante el siglo XX y lo que va del siglo XXI hasta llegar a la situación de la industria hoy, caracterizada por la caída de la producción, corrupción, incapacidad gerencial, desenfoque estratégico y desaprovechamiento de otras oportunidades de negocios en el mundo, lo que nos ha llevado a la triste ironía de vivir la peor crisis económica a pesar de haber tenido en esta etapa los precios más altos de nuestra historia petrolera.

En esta oportunidad queremos proponer para el debate una visión sobre la política petrolera. Una visión que concibe el petróleo como una bendición que tiene nuestro país y no como una maldición o un excremento del diablo. Una visión que es profundamente nacionalista y soberana, sin olvidarnos del carácter global que caracteriza al negocio petrolero.

Quiero mantener el foco en que nuestro objetivo como venezolanos debe ser construir la mejor Venezuela. No cualquiera. La mejor. Y esta mejor Venezuela requiere de una visión sobre la política petrolera, porque esa Venezuela no es posible sin comprender seriamente el tema petrolero. Y no se trata de plantear una mayor dependencia del petróleo, por el contrario; se trata de que podamos avanzar hacia elevados niveles de bienestar, de paz y de progreso.

¿Y cómo lo hacemos? Propongo cinco objetivos estratégicos. En primer lugar, convertirnos en el líder mundial del negocio de los hidrocarburos, para lo cual debemos plantearnos ser el principal productor y exportador de petróleo del mundo y ser el principal exportador de gas del continente americano.

En segundo lugar, democratizar el negocio petrolero y fomentar la participación de los venezolanos en la industria. Y quiero ser muy claro, no se trata de privatizar la industria petrolera. Estamos en total desacuerdo con esto; se trata de abrir la industria a la participación de los venezolanos en pequeños, medianos y grandes proyectos.

Como tercer objetivo estratégico, debemos apalancar el bienestar de los venezolanos a través de la creación del fondo solidario para la atención de la pobreza extrema y para capitalizar un sistema de seguridad social eficiente. El petróleo tiene que generar bienestar.

Un cuarto objetivo estratégico es apalancar el progreso a través de la generación de miles de empleos productivos y emprendimiento mediante el desarrollo de la industria “aguas abajo” y realización de nuestro potencial petroquímico y la estimulación del sector no petrolero, utilizando el petróleo como palanca para la diversificación de la economía. El petróleo tiene que generar progreso.

Por último, debemos diversificar las fuentes de energía y garantizar un equilibrio entre el desarrollo de la industria y el ambiente. El petróleo debe generar un mejor medio ambiente.

Ahora bien, sobre el primer objetivo estratégico, para convertirnos en el principal productor y exportador de petróleo del mundo, en primer lugar debemos plantearnos la meta de duplicar nuestra producción petrolera en un plazo no mayor de seis años. Con ello podríamos triplicar los ingresos petroleros y generar una reactivación, crecimiento y diversificación de la economía venezolana nunca antes vista.

Esto significa darle prioridad al volumen y hacer lo que, de alguna manera, la Pdvsa de hoy no hace, aun cuando lo ha prometido todos los años: aumentar los niveles de producción. En la próxima entrega veremos cuáles son las ventanas ciertas de oportunidades para lograr ese objetivo que a primera vista pareciera algo grandilocuente y cargado de nacionalismo: convertirnos en el principal productor y exportador mundial de petróleo. Fuerza y fe, Venezuela.