• Caracas (Venezuela)

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Vicente Díaz

Ya como que es suficiente

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El socialismo marxista ha fracasado siempre. Y siempre fracasará. Es inevitable. La base de la que parte es falsa: que el humano es esencialmente bueno pero que la sociedad capitalista lo pervierte; la propiedad privada de los medios de producción genera egoísmo, fuente de todos los males sociales.

La única forma de acabar con los males sociales es acabando con el egoísmo. El interés individual debe ser supeditado al interés colectivo. Las empresas privadas son fábricas de maldad, hay que colectivizarlas. Y empiezan con los inventos: estatización, empresas de producción social, cooperativas, empresas socialistas, autogestionadas, comunitarias, fundos zamoranos, etc. Todas fracasan. Pero lo siguen intentando, esta vez sí, ahora le meteremos más formación ideológica para erradicar la corrupción y demás vicios pequeñoburgueses. Pero la terca realidad les vuelve a dar un tortazo en la cara: siguen fracasando.

No entienden que para pintar se necesitan pintores, para cantar cantantes y para escribir escritores. Para manejar empresas se necesitan empresarios. Todo el mundo puede intentar pintar, pero pocos serán artistas. Se requiere pasión, audacia, disciplina y talento. Eso mismo se requiere para ser empresario, sólo que no es talento artístico sino empresarial. La obra final será tan buena como abundante sean estos atributos.

El talento empresarial, esa pasión que mueve al empresario a superar obstáculos, a preservar frente a la dificultades, a anticiparse al futuro, a disfrutar del desafío de ponerse metas y disfrutar cuando las conquistan no se encuentra en todas partes.

Venezuela tiene una riqueza tremenda. No me refiero al petróleo, que sólo es riqueza real cuando se le agrega valor. Me refiero al espíritu empresarial. El sueño de los venezolanos no es tener un quince y último que les dé seguridad y estabilidad, aunque ojalá todos lo pudiesen tener. El sueño recurrente es tener su propio negocio.

Ese espíritu emprendedor es una bendición para cualquier nación. Pero, como el petróleo, no sirve de nada cuando está crudo. Hay que extraerlo, refinarlo y agregarle valor. En el caso del talento empresarial hay que aprovecharlo, fomentarlo, no atacarlo, no cercarlo, darle oportunidades, tenderle una alfombra roja, darle confianza; en resumen: sembrarlo, fertilizarlo y cosecharlo.

Las colectivización de los medios de producción fracasa por eso, por ser colectivos: no tienen dueño, no tienen doliente, no tienen la energía vital que le pone el artista a su obra.

Hablo de verdaderos empresarios, no de los maulas que sólo saben recostarse del Estado petrolero para generar cuentas multimillonarias de la nada; que por cierto florecen más mientras más colectivos se hacen los medios de producción.

Los marxistas no han entendido que tienen, parafraseando a Bolívar, cien años “plagando al mundo de miserias en nombre de la libertad”. Ya como que es suficiente.