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Vladimir Villegas

Respuesta a las cartas

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Claro que he leído con mucha atención las respuestas que tanto María Corina Machado como Gustavo Tarre Briceño han dado con respecto a mi artículo “Maduro vs María Corina”, publicado en este mismo espacio la semana antepasada, y por supuesto voy a hacer algunos comentarios al respecto, sin otro ánimo que el de contribuir a un debate democrático y, sobre todo respetuoso, que tanta falta hace en nuestra querida Venezuela.

María Corina tiene pleno derecho de creer en la ruta que ella y quienes la acompañan, entre ellos el amigo Gustavo Tarre Briceño, consideren la más adecuada para lograr sus objetivos políticos. Y quienes hacemos de la opinión un ejercicio de la irrenunciable libertad individual también tenemos pleno derecho de marcar distancia cuando estimamos que una determinada manera de hacer política puede convertirse en un elemento que desencadene o al menos contribuya a desencadenar escenarios de confrontación que incluso pudieran superar en violencia, sangre y muerte otros episodios ya registrados en nuestro territorio.

El marcar distancia frente a quienes quieren convertir el próximo 8 de diciembre en una especie de hora cero a partir de la cual debe producirse un cambio de gobierno es mi pleno derecho como venezolano y como firmante de la carta magna, esa que ciertamente ha venido siendo incumplida por el gobierno en numerosos aspectos, y a lo cual me he referido suficientemente en numerosos escritos publicados por El Nacional.

Yo he criticado con firmeza los actos violatorios del ordenamiento constitucional, y si tienes duda, María Corina, puedes leer mi escrito de la semana pasada, en las mismas páginas que le dieron cabida a tu artículo, en el cual, por cierto, para minimizar el fondo de mi crítica, pretendes colocarme como agente del “régimen”. Pero tengo memoria, y sé que hay gente que se llena la boca con la Constitución de 1999 y nada hicieron para defenderla en los aciagos días de abril frente al “carmonazo”, y en muchos casos hasta le celebraron el “chiste” a “don Pedro”.

Por eso tomo con pinzas cualquier iniciativa que pretenda convertir las municipales de diciembre en un punto de partida para poner en marcha una agenda poco transparente, que ni siquiera tiene el apoyo de todos los miembros de la Mesa de la Unidad Democrática, aunque muchos de ellos prefieran pasar agachados antes que fijar una posición clara.

La Constitución de 1999 establece la posibilidad de llamar a Asamblea Nacional Constituyente, y contiene la figura de la revocatoria de mandato. Quienes estimen pertinente apelar a esas opciones que lo hagan, dentro de las propias condiciones establecidas por la carta magna. Pero eso es distinto a engañar al electorado opositor con el anzuelo de convertir el 8D en un referéndum revocatorio del presidente Nicolás Maduro, a quien sí le digo que los resultados de diciembre probablemente le darán una señal inequívoca de que debe rectificar en muchas de sus políticas y convocar a un gran diálogo nacional.