• Caracas (Venezuela)

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Vladimir Villegas

¿Y después del 8-D qué?

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El gobierno ha retomado la iniciativa política y económica con su anunciada guerra contra la especulación y la usura. Aún es prematuro dar un pronóstico con respecto a los impactos que las actuales medidas para reducir precios de electrodomésticos, repuestos de vehículos y otros bienes van a tener antes y después de las elecciones regionales.

Hasta ahora no existen mediciones político-electorales luego de estas decisiones. Hay quienes piensan que seguramente las acciones del gobierno destinadas a forzar una significativa reducción de los precios pueden aportar dividendos electorales a corto plazo, y voltear la tortilla en algunos municipios con importante influencia opositora.

La administración Maduro está apostando duro en su estrategia destinada a vincular a la oposición con los propietarios de grandes establecimientos comerciales, acusados de practicar el delito de usura. Y el vocerío opositor no logra, hasta ahora, articular una respuesta, un discurso que no la coloque de espaldas a los miles y miles de venezolanos, tal vez millones, que ven con simpatía darle un “parao” al alza exorbitante de los precios.  No es fácil para la oposición el manejo de este espinoso asunto, sobre todo en tiempos electorales, cuando cualquier error puede traducirse en masiva pérdida de votos.

Por mucho que se repita que el fenómeno especulativo e incluso la usura son hijos legítimos de una economía enferma, improductiva e inflacionaria, no hay ninguna señal de que las personas que hacen sus colas maratónicas en establecimientos comerciales de distinta naturaleza van a modificar su conducta a partir de explicaciones con respecto a los riesgos que implican las decisiones adoptadas por el presidente Nicolás Maduro. Simplemente están comprando productos, que incluso no necesitan, para proteger su dinero, para cubrirse de eventuales nuevos manotazos que la crisis les pueda propinar. Por eso ven con simpatía que el gobierno les brinde esta oportunidad.

En el gobierno deberían tener claro el riesgo que corre si la flauta de la fortuna le deja de sonar una vez que se acaben los inventarios. Tal vez la flauta siga sonando incluso después de las elecciones municipales. ¿Pero qué pasará si, como es de imaginar, de esta euforia emerge un cruel panorama de empresas paralizadas, pérdidas de empleo, escasez más severa de productos diversos, entre ellos los de primera necesidad? ¿El gobierno está preparado frente a lo que puede avecinarse? ¿Cómo se hará frente a la carencia de productos? ¿Cuál es el plan para evitar quiebre de empresas, pérdidas de puestos de trabajo? ¿Con mayores restricciones en el acceso a dólares para la importación se puede cubrir la demanda de una población que no renuncia a su deseo de rendirle tributo al consumismo?

Otras dudas e interrogantes se refieren a la centralización de las importaciones, anunciada por el Ejecutivo. Aún no se conocen los nombres de los involucrados en la pérdida de más de 20.000 millones de dólares que fueron asignados para importaciones y que tuvieron “otro destino”. ¿Quién garantiza que ahora sí estemos vacunados contra nuevos “guisos” derivados de los nuevos controles que vienen en camino?

¿De verdad el gobierno cree que el problema de la economía venezolana se resuelve única y casi mágicamente con rebaja de precios? ¿Tiene el presidente Maduro un plan coherente para hacer frente a un mayor desabastecimiento como el que anuncian economistas y empresarios? ¿O acaso estamos en manos de  Eudomar, no Tovar, presidente  del Banco Central, sino  Santos, el ocurrente personaje de Franklin Virgüez, de Por estas calles, famoso por su frase  “como vaya viniendo vamos viendo”?