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Luis Pedro España

Un gato en Miraflores

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El Gobierno está a tirito de echarle la culpa al gobierno anterior. Pareciera que están por decir que el descalabro del presente es producto de las pésimas decisiones, al menos económicas, del presidente Chávez. Por más que se inventen inexistentes testamentos, legados y orientaciones para afrontar la “guerra económica”, todas las medidas y anuncios que tímidamente va haciendo el Gobierno, aun cuando tengan el envoltorio revolucionario y patriotero que les caracteriza, no hacen sino ir en contravía de lo que hasta la fecha había sido el proceder económico del “proceso”.

Más allá de lo que parece ser una flexibilización cambiaria, de la desaparición de las políticas amenazadoras y de ataque a la propiedad privada, amén de los llamados y reuniones con el sector productivo del país, es el fin del socialismo petrolero, el intento por aplicar políticas y crear condiciones para la exportación de cosas distintas del petróleo, incluso invitar a destinar una parte de la producción para la exportación a expensas del abastecimiento interno, lo que hace unos años había sido motivo para expropiaciones de empresas y para enarbolar el principio de la soberanía alimentaria, hace que hoy, obligados por la escasez de divisas, olviden todas esas pretensiones autárquicas, toda esa majadería petrolera-rentista y se lancen a los brazos del camino productivo y moderno del que hasta hace nada despotricaban.

No sabemos qué tanto de convencimiento o qué tanto de conveniencia hay en semejantes volteretas, pero ojalá esta tenga que ser la última demostración del equívoco que está detrás de un país que pretende ser y consumir moderno sin querer pasar por los rigores y las exigencias de trabajar y producir de esa manera.

Venezuela, como toda Latinoamérica, pero con la diferencia de que el resto de nuestros países llevan años practicando esa máxima, tiene el reto histórico de su diversificación productiva. Ello no quiere decir que la ventaja petrolera debe suprimirse. Países como México, en cuyas cuentas macroeconómicas en los años setenta el peso del petróleo era similar a lo que el crudo representaba en las nuestras, hoy es una economía en la cual, aun cuando el petróleo es una actividad más grande que hace 40 años, el crecimiento de su sector no petrolero fue mucho mayor, lo que hace que el México de hoy sea menos vulnerable y dependiente que el de ayer.

No sabemos qué tantas maromas tendrá que hacer este Gobierno para justificar sus enmiendas, lo importante es que las haga. Por el bien de todos, ceder en todo aquello que el presidente Chávez se resistía dogmáticamente a hacer, no sólo en materia económica, sino también en asuntos como la seguridad, el diálogo político, la búsqueda de entendimiento, la pacificación del país, la democratización del poder y el fin del caudillismo centralista, puede ser la diferencia entre una crisis económica perpetua y dolorosa y un ajuste difícil y traumático, pero que nos saque de esta senda de errores e inviabilidades.

La frase de Deng Xiaoping, aquello de que no importa el color del gato, sino que cace ratones, debe ser una de las máximas que está merodeando en Miraflores. Puede que para algunos sea un alivio que el líder no haya tenido que verlo, ni oírlo y, por lo tanto, puede que sea más fácil de tolerar de lo que muchos imaginaban.