• Caracas (Venezuela)

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Manuel Felipe Sierra

Realismo político

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¿Es posible persistir en el actual rumbo de la economía sin que se produzca un viraje o una rectificación sustancial?  Los hechos están demostrando, que pese a medidas como el ajuste cambiario de febrero y las subastas del Sicad, la tendencia al agravamiento de los problemas económicos se acentúa y no sólo ello, sino que ya se sienten sus efectos sociales y eventualmente políticos.

En las últimas semanas las protestas de calle se han intensificado en todo el país, ya no sólo por reivindicaciones puntuales, sino contra las políticas del régimen. Una realidad que también reflejan la mayoría de las encuestas (incluidas las vinculadas al oficialismo) y que podría ser un factor determinante en las elecciones municipales del 8 de diciembre. Si bien es cierto que se trata de una consulta con características propias, en la cual el interés de los electores se centra en los asuntos de su municipio y en la que influyen los liderazgos locales, la creciente sensación de que el país marcha hacia un desenlace impredecible podría traducirse en una contundente derrota para los candidatos del chavismo, funcionando de esta manera el esquema de la polarización.

Ante este cuadro, ¿cuáles son las opciones del presidente Maduro? Seguir atribuyendo la responsabilidad de lo que ocurre a la oposición es un recurso cada vez menos eficaz. Como ha señalado Heinz Dieterich: “El gobierno debe hablar con la verdad”. Lo que ocurre en el presente es el producto de un diseño económico que en un comienzo pudo funcionar por obra del incremento del ingreso petrolero y la agresiva política internacional de Chávez, sustentada justamente por esta circunstancia y por su carisma. Hoy la situación ha cambiado. Si bien los precios del petróleo se mantienen altos y el presupuesto sigue siendo calculado por debajo de ellos, en este caso el endeudamiento y la necesidad de nuevas inversiones para aumentar la producción nacional operan como obstáculos demasiado importantes.

No admitir esta realidad con espíritu autocrítico conduce necesariamente a la profundización del creciente malestar que contamina ya a todos los sectores sociales. Hacerlo no implicaría en ningún caso renunciar a lo que ha sido el planteamiento original del chavismo y el cual Maduro se siente obligado a continuar, sino un acto de realismo político que convendría a la postre al propio proyecto desarrollado durante 14 años.

Lo contrario sería estimular no solo la confrontación política, la cual conduce necesariamente a una mayor represión a los opositores, sino también a acelerar una tensión social que conduciría a escenarios de violencia. Ciertamente, Maduro se maneja en el marco de las contradicciones que existen en el seno de su movimiento, pero es la hora de que se le ofrezca al país, no solo a los partidos que se le oponen, un camino que conduzca a la tranquilidad colectiva y a la reconciliación nacional.