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Joaquín Fermandois

Drogas, la falsa analogía

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No cabe duda de que en la guerra contra las drogas se pierden posiciones día a día. La inseguridad y violencia que ahora campean se relacionan en no pequeña medida con ella. Por ello es que crece la presión por buscar un camino alternativo.

Es lo que han propuesto un grupo de ex presidentes latinoamericanos, ninguno caracterizado por la demagogia ni por recomendaciones fáciles o altisonantes. Recientemente se les ha agregado un destacado economista de estos pagos. Entregan el peso de su nombre a la idea ya preparada y discutida de que legalizando algunas drogas, sobre todo la marihuana, podría descomprimirse la violencia al sustraer el negocio de las manos del narcotráfico. En algunos lugares se ha intentado, como en ciertas partes de Holanda, algunos estados de Estados Unidos o en el Uruguay de ese genial showman de expresidente José Mujica.

Restan dos dudas grandes. Una es que las voces médicas estiman que la marihuana es dañina en un plazo relativamente breve, amén de que podría ser natural puerta de entrada a drogas más potentes. La otra es que el narcotráfico se dirigiría a donde ya lo hace, solo que con más intensidad: las drogas duras y sucias.

Y si se permite el consumo legal bajo prescripción médica de todas las drogas a los adultos, será irresistible la presión del narcotráfico por hacerse de consumidores adolescentes e infantiles.

La propuesta de legalización descansa sobre falsas analogías. Primero, que no sería mucho más que el consumo de tabaco. Este, sin embargo, solo es dañino en el transcurso de una vida; la droga, en cambio, arroja a un espiral sin control, autodestructivo.

La segunda analogía es la del alcohol, sobre todo con los efectos contraproducentes del caso más famoso, la prohibición en Estados Unidos en los años veinte del siglo pasado, que incrementó las filas y el volumen de “negocios” del crimen organizado.