El Nacional

• Caracas (Venezuela)

Opinión

Leopoldo López

Don regañón

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Avanza la campaña y Henrique Capriles cada día suma más voluntades que permitirán superar los votos obtenidos por la unidad en las elecciones de 2010. Porque esa es la última encuesta verdaderamente confiable y nadie en su sano juicio intentará hacerles creer a los venezolanos que la alternativa democrática retrocederá en apoyo popular.

Y con este avance de la campaña, crece el desespero de un Gobierno que ya se ve perdido. De esta forma, aunque insistentemente sus asesores le dicen que tiene que presentarse ante el país como alguien que dialoga, que escucha y es moderado, hemos visto en los últimos días a un candidato Presidente que lo que hace es regañar a todos.

La campaña lo obliga a recorrer el país, bajarse de la carroza y oír a la gente, algo con lo que se siente incómodo luego de 14 años, y que sólo queda para el show televisivo, porque en realidad no escucha a nadie. Y esta obligación, incomodidad y desesperación es lo que hace que veamos a un candidato cada vez más irritado y sólo le queda tratar de intimidar, amedrentar y regañar.

Al candidato Presidente también le insisten sus asesores en que repita que él es "lo nuevo". Así, lo vemos de manera casi obsesiva en todos sus discursos diciéndonos que luego de 14 años él representa un cambio, "lo nuevo".

Si por nuevo se refiere a los casi 20.000 homicidios en 2011, a los pranes que dirigen las cárceles, a los cortes diarios de energía y a las multas por consumo, al racionamiento de la gasolina con un chip, a la escasez de productos básicos, a la adicción a las importaciones, estamos de acuerdo. Usted, Presidente, representa lo nuevo.

Es precisamente enfrentarse a esa realidad lo que lo irrita, lo que hace que la tónica de su campaña sea el regaño al pueblo de Anzoátegui, donde dijo que no importaba si había huecos o si no llegaba el agua, pero que igual tenían que votar por él.

Es esa realidad la que lo obliga a que la tónica de su campaña sea la imposición al pueblo de Carabobo, al decirles a sus propios seguidores que él ya ha dicho quién es el candidato a la gobernación.

Es esa realidad la que produce la amenaza y el miedo como forma de hacer campaña, de repitirle al pueblo venezolano el ya trillado discurso de que si no gana habrá caos. Es esa realidad la que genera el chantaje cuando dice que las misiones se acabarán si él pierde o les hace ver a los trabajadores de Guayana que sólo habrá discusión de sus contrataciones después de que voten por él el 7-O.

Es esa realidad la que lo hace distraer la atención, y termina en la desconexión absoluta de los principales problemas de los venezolanos.

Por eso plantea como prioridad en su plan de gobierno "salvar a la especie humana", mientras nuestro país en sus manos sigue avanzando "a toda muerte", porque en el primer semestre de 2012 superamos los homicidios del año pasado, el más violento de nuestra historia.

Y las consecuencias de esa "estrategia" del candidato Presidente es el claro contraste que permite que miles de venezolanos que aún estaban indecisos o simpatizaban con el Gobierno se sumen día a día a la propuesta de Henrique Capriles. Porque, por otro lado está un candidato que sí representa verdaderamente una renovación, que escucha al pueblo y dialoga, que no impone, legitimado por primarias, que representa la esperanza y que tiene muy claras las prioridades de los venezolanos.

Henrique ha presentado el plan Primer Empleo para los jóvenes y Segunda Oportunidad para los adultos mayores. Ha propuesto la creación de 500.000 empleos al año.

Se ha comprometido con los más necesitados y la superación de la pobreza, y ha dejado muy claro que su prioridad será la seguridad.

El próximo 7-O nuestro pueblo saldrá con mucha fuerza y con mucha fe a votar por este camino y al que le saldrá regaño democrático será al candidato Presidente porque es el pueblo y su voluntad el que regaña, el que exige, y no al revés.

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