• Caracas (Venezuela)

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Sergio Antillano

Doctorado y adoctrinado

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En barco partió desde Venezuela y con apenas doce años arribó a la Alemania militarizada de Hitler. Las quemas de libros ya se habían iniciado en ese país y se promovía desde el poder la exclusión absoluta de gitanos, de quienes tenían religión judía, o ideas comunistas, o eran libre pensadores, o demócratas… o simplemente se perseguía a todos quienes no simpatizaran con el creciente movimiento nacional-socialista en el gobierno germano.

Ya había viajado antes. Apenas tenía 5 años de edad, cuando dejó el Zulia rumbo a Nueva York con su padre, quien abandonaba el país por problemas con la dictadura del general Gómez. El niño aprendió inglés mientras vivió allá, donde asistió a DeWitt High School, hasta 1935 cuando la muerte de Juan Vicente Gómez permite el retorno de su familia a Venezuela.

Había nacido en 1924, un 18 de febrero a orillas del lago de Maracaibo, en esa ciudad donde para entonces muchas familias alemanas influían en el diario acontecer. Humberto Avelino Fernández Villalobos, nombraron a ese hijo de Elena Villalobos y Luis Fernández Morán.

En Maracaibo, al llegar de Nueva York, es inscrito en el Colegio Alemán donde comienza a aprender el que sería su idioma en estudios de bachillerato y universidad posteriores. Ese preadolescente maracucho, que se haría llamar más tarde Humberto Fernández-Morán, llega al convulsionado país del nazismo en compañía de Georg Gerch, director entonces de aquel colegio que reunía los hijos del enclave germano que para entonces dominaba el escenario comercial e importador de la ciudad puerto. Sin mucha noción de lo que sucedía con su vida ni en su entorno, el niño es internado en la escuela Schulgemeinde  Wickersdorf de Saalfeld, Turingia, donde cursará bachillerato en el estricto y dogmático sistema escolar del Estado nazi. La educación alemana de entonces enseña preceptos raciales y adoctrina contra judíos, gitanos y comunistas. Textos escolares están plagados de doctrina nazi. En 1940 el joven finaliza bachillerato e inicia estudios preclínicos de Medicina en la Universidad de Múnich para luego seguir en la Universidad de Tubinga. Mientras el zuliano recorre un pénsum de estudios que incluía materias tales como “Higiene étnica y racial” el gobierno de Hitler persigue a todo disidente del nazismo y exige lealtad incondicional.   

Solo cartas y postales, que tardan eternidades en ir o venir, le acercan al calor maracucho, al afecto de su familia y en especial a su padre con quien mantiene correspondencia constante. El Estado nazi rige todos los aspectos de la vida cotidiana de los habitantes de ese país, mientras la guerra se expande en Europa. 

¿Cuánto de brisa del lago y gaitas, cuánto de maracucho quedaría en ese joven cuando finaliza estudios Clínicos de Medicina en la Universidad de Múnich y toma cursos de alemán antiguo y latín, en una Alemania bombardeada por países que aliados tratan de derrotar al monstruo que devastó Europa?

La cotidianidad está signada por la guerra, bombardeos intensos y escasez de alimentos y productos de primera necesidad. Heridos que llegan de los frentes de guerra, apagones, precariedad.

Han transcurrido nueve años desde su arribo al país más odiado de aquel momento, cuando en 1944 aprueba los exámenes de “Medicina del Estado” (“Staatsexamen”) en la Universidad de Múnich. Es summa cum laude al graduarse de médico el 29 de junio. Recibe el título mientras la ciudad está bajo intensos bombardeos.

Un mes más tarde sale de Berlín, apoyado por la Cruz Roja. Es llevado a Suiza y de allí a España, desde donde parte en septiembre, con destino a Venezuela en el barco trasatlántico Cabo de Hornos. Pero llega a Trinidad donde debe permanecer contra su voluntad a causa de dificultades de la guerra. Llega al país en octubre de 1944; tiene apenas 20 años y finalmente está en casa.

Seis meses más tarde, el 30 de abril, muere Adolfo Hitler cuando las tropas rusas entran en Berlín. El 9 de mayo la guerra en Europa llega a su fin pero sigue en Asia.

El 4 de julio de 1945 el joven que nació en la sociedad militarista de Gómez y se formó en la de Hitler, revalida en la UCV su título alemán de doctor en Medicina, luego de estudiar Medicina Tropical, como requisito. Tres meses después viaja a Washington D. C., donde ingresa en la George Washington  University como Fellow in Neurología. Su estadía en Estados Unidos le permitirá viajar a Princeton, a llevar una carta para Albert Einstein y conversar unos minutos con el genio emigrado. En 1979, al contar esa visita a Einstein, Fernández-Morán escribirá una infeliz frase, reveladora de su temprana formación doctrinaria racista: “El hombre que me enseñó a querer a los judíos fue Einstein”.

 

 

*Ingeniero. Planificador ambiental. Comunicador visual