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Pedro Siwak

Divorciados y comunión, un debate necesario

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La prohibición que pesa sobre los divorciados y vueltos a casar para recibir la eucaristía fue considerada por el papa Francisco como uno de los temas que la Iglesia se propone evaluar detenidamente en los dos próximos sínodos convocados para octubre de este año y para 2015.

Lo que el Papa pretende es que se analice una vez más esta cuestión dentro de la pastoral familiar. No se trata de un hecho novedoso, ya que se ha manifestado desde los orígenes de la Iglesia y tuvo defensores y opositores a lo largo de estos veinte siglos. Pero desde hace algunas décadas los cambios en las familias resurgieron como un tema que los hombres de la Iglesia no pueden eludir. La familia clásica y tradicional, indisoluble, con padre, madre e hijos, tuvo un vuelco y dejó de constituir una incontrastable mayoría. El arzobispo de Honduras, Oscar Rodríguez Maradiaga, a quien el papa Francisco le confió la Secretaría del Consejo de cardenales, llamado Grupo de los 8, dijo al respecto que también entre los católicos "hay separados, familias extensas, progenitores que crían a sus hijos sin cónyuge; está también el fenómeno de la maternidad subrogada, de los matrimonios sin hijos y no hay que olvidar las uniones entre personas del mismo sexo". La vieja familia ya no existe sola, dijo el arzobispo. Todo es nuevo. Y por tanto también la Iglesia debe dar respuestas nuevas y "al paso con los tiempos", respuestas que "ya no pueden estar fundadas en el autoritarismo y el moralismo", afirmó Maradiaga.

Con todo, no les resulta fácil a los hombres que gobiernan la Iglesia escapar al pronunciamiento de Jesucristo, que según Mateo 19, 9, afirmó: "El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio". Esto hizo que a lo largo de la historia se formaran dos corrientes, una más severa en la Iglesia de Occidente y una más flexible, en las iglesias de Oriente. En Occidente, la Reforma Gregoriana en el siglo XI se opuso a la tendencia liberalizadora y retornó a la interpretación originaria de la escritura y de los padres. La Iglesia Católica defendió la indisolubilidad del matrimonio, ente otros motivos, porque el cisma de la Iglesia de Inglaterra separada del sucesor de Pedro tuvo lugar no con motivo de diferencias doctrinales, sino porque el Papa, en obediencia a las enseñanzas evangélicas, no podía ceder a la presión del rey Enrique VIII para disolver su matrimonio. El Concilio de Trento confirmó la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio sacramental y explicó que ésta corresponde a la enseñanza del Evangelio.

Antiguamente, en este tema controvertido, además de perdonar se readmitió a la comunión a los divorciados vueltos a casar, después de un período de penitencia.

El papa Francisco pareció inclinarse en esta dirección cuando en la entrevista que mantuvo con los periodistas en el avión de regreso de Río de Janeiro, el 28 de julio pasado, dijo: "Los ortodoxos tienen una praxis distinta. Ellos siguen la teología de la economía, así la llaman, y dan una segunda posibilidad de matrimonio, lo permiten. Pero creo que este problema se tiene que estudiar dentro del marco de la pastoral matrimonial".

Una señal que apunta también en esta dirección la da el haberle confiado al cardenal alemán Walter Kasper la tarea de introducir la discusión de los cardenales en las reuniones que se hicieron en el Vaticano los días 24 y 25 de febrero, con una alocución que se prolongó durante dos horas. "No basta considerar el problema sólo desde el punto de vista y de la perspectiva de la Iglesia como institución sacramental. Necesitamos un cambio de paradigma y debemos -como ha hecho el buen samaritano- considerar la situación también desde la perspectiva de quien sufre y pide ayuda", expresó Kasper. Conviene recordar que en los años 90, Kasper se había distinguido como partidario de un cambio, junto con otros cardenales y obispos alemanes. Y quien pisó el freno fue Joseph Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

"El documento Familiaris consortio, de Juan Pablo II, afirma que algunos divorciados vueltos a casar están convencidos en conciencia de que su precedente matrimonio nunca fue válido. Según el derecho canónico, la valoración es tarea de los tribunales eclesiásticos. Pero a veces nos preguntamos si la vía judicial debe ser la única para resolver el problema o si no serían posibles otros procedimientos más pastorales o espirituales", señala el texto pontificio.

Otro aspecto que se considera en esta circunstancia es que cuando los hijos de los divorciados vueltos a casar no ven a sus padres acercarse a los sacramentos, normalmente tampoco ellos encuentran el camino hacia la confesión y la comunión. Se observa con preocupación la pérdida de la próxima generación y, tal vez, también de la siguiente.

Y quienes se inclinan por una postura más flexible recuerdan la actitud afín de los santos Basilio y Gregorio de Nacianceno, porque era lo que consideraban un gesto pastoral que "evitaba lo peor". Pero en la Iglesia latina, esta postura fue abandonada en favor de una práctica más severa y se lo reconoce a san Agustín como el teólogo que influyó en esta corriente.

Las iglesias ortodoxas han conservado el principio para ellos válido de la oikonomia, es decir, la condescendencia. A partir del siglo VI, sin embargo, haciendo referencia al derecho imperial bizantino, han ido más allá de la tolerancia pastoral, de la clemencia y de la indulgencia, reconociendo, junto a las cláusulas del adulterio, también otros motivos de divorcio, que parten de la muerte moral y no sólo física del vínculo matrimonial. Las iglesias católicas de rito oriental conservaron la tolerancia del divorcio en sus leyes, siglos después de estar unidas a Roma.

Actualmente, en la Iglesia Católica la única vía para que los divorciados vueltos a casar sean admitidos a la comunión es la verificación de la nulidad del precedente matrimonio celebrado en la Iglesia. Las causas de la nulidad pueden ser numerosas y los tribunales eclesiásticos son generalmente comprensivos y resuelven los diferentes casos matrimoniales, algunos realmente difíciles. Pero resulta imposible hacer frente al gran número de matrimonios que podrían ser inválidos. Según el papa Francisco -citando al cardenal Antonio Quarracino, que elevó a Bergoglio a la dignidad episcopal- los matrimonios nulos podrían incluso ser la mitad de los matrimonios celebrados en la Iglesia porque han sido contraídos sin madurez o por conveniencia social, sin darse cuenta de que es para toda la vida.

La gran parte de estos matrimonios inválidos ni siquiera es sometida al juicio de los tribunales eclesiásticos. Pero estos tribunales funcionan sólo en algunos países y no existen en amplias regiones de África, Asia y América latina.

Mientras tanto, en algunos países, el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar se ha convertido en una práctica habitual, tolerada por sacerdotes y obispos, e incluso últimamente aceptada en la diócesis alemana de Friburgo, que se encuentra en sede vacante. Existe en la Iglesia un sector que propone la vuelta a un sistema penitencial similar al adoptado antiguamente, y que aún se conserva en las iglesias de Oriente, con una praxis siempre más liberal que se practica hasta nuestros días.

El sínodo sobre la familia ha sido el centro focal de los encuentros llevados a cabo en el Vaticano durante los días pasados. El colegio cardenalicio le ha dedicado dos días, el 20 y 21 de febrero. Y durante otros dos días, el 24 y el 25, lo ha trabajado el consejo de la secretaría general del sínodo. Ambas reuniones se celebraron, como es de práctica, a puertas cerradas.

El tema se evaluará a fondo en octubre durante la primera sesión del sínodo. Allí se recogerán las propuestas que pasarán a la segunda sesión, en 2015, que formulará las opciones por presentar al Papa para la decisión última.

Es difícil conocer cuál será el resultado de estos encuentros, pero merece destacarse la seriedad con que el papa Francisco ha querido abordar este delicado tema. Una frase suya define su personal estilo de gobernar: los pastores deben saber caminar no sólo delante y en medio de la grey, sino también detrás, "porque la misma grey tiene el instinto para encontrar el camino".