• Caracas (Venezuela)

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Carlos Paolillo

Divas con historias

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El divismo es una cualidad excesiva, asentada fuera de toda realidad. Configura mundos luminosos pero también desolados. Las abismales contradicciones que lleva consigo atraen poderosamente a Miguel Issa como creador escénico, al punto de haber configurado universos a la medida de su propia fascinación tan exaltados como patéticos, que ya lo caracterizan de manera inevitable. Cabaret baccarat, su más reciente apuesta teatral para la agrupación Dramo, se centra en tres personalidades femeninas desmesuradas, poseedoras de individuales historias de vida y destinos trágicos compartidos. A su autoafirmación permanente sigue también su autodestrucción indetenible.

El Espacio Plural de Trasnocho Cultural sirve de espacio experimental, nostálgico, íntimo y desprovisto, donde las acciones de tres mujeres singulares en su temperamento y comunes en su dolor se exponen en clave de drama, o quizás melodrama, además de filoso humor como elemento necesario. Igual número de universos se plantea Issa: el de una declinante actriz de cine mudo, una cantante popular agobiada de tristeza y una bailarina española espontánea y locuaz, aunque en verdad baja en autoestima.

Falsadiva. El mundo glamoroso de Gloria Swanson, estrella rutilante del cine mudo, amante del poder y del prestigio, sirve de punto de partida para el primer monólogo orientado por las características de las tres primeras décadas de filmografía estadounidense, así como por la incitadora imagen de la célebre intérprete. Una atmósfera de misterio cinematográfico rodea la entrada del actor travestido que encarna a la diva. Ella, altiva pero solitaria, evoca su gloria, recrimina a sus adversarios y cuestiona con resentimiento al medio que le dio fama. En medio de sus propios fantasmas, alterna su ficción con su realidad.

Arrancamelavida. Nadie como los latinoamericanos para expresar con verdad extrema el sentimiento amoroso. De esa realidad cultural emerge el segundo unipersonal ubicado en el centro de este cabaret sin vida. La cantora anuncia su desesperado abandono con fuerza volcánica mientras experimenta una eterna espera. Su voz y su cuerpo experimentan una convulsión interna que grita su imposibilidad de superar la noche y la vida. Diana Peñalver como intérprete de fuerza atronadora construye su personaje desde los más arraigados referentes del despecho, llevándolo de un submundo oscuro a una dimensión elevada finalmente liberadora.

RosaRosario. De las interioridades de un tablao surge una tercera mujer, esencialmente pícara y popular, que lleva dentro de sí una pena irreparable. Porta la exultante herencia de las grandes divas gitanas, de la cual alardea de continuo. Irrefrenable en su verbo, vive su tiempo detenido, colorido y pasional, haciendo a quienes la ven y la oyen partícipe de su tragedia que apenas puede disimular. Su abandono termina por mostrar su verdadero rostro. Juan Solórzano como histrión muestra una versatilidad (también da vida a la Sawnson en el primer cuadro de la obra) al servicio de su eficaz desparpajo sobre las tablas

Una soledad atroz trenza en uno solo a esta tríada de personajes que habitan un melancólico cabaret. Es una diva maltrecha reflejada en el espejismo de su grandeza.