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Álvaro Requena

Disuasión artera

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Algunos jefes de Estado, legítimos o no, creen que están construyendo una nueva forma de relacionarse con sus ciudadanos y con otros países aplicando ese proverbio africano que tanto explotó Teodoro Roosevelt y que algún bien trajo a Venezuela al aliviarnos la presión amenazadora de Inglaterra y Alemania para que pagásemos las deudas. “Habla pasito, carga un gran palo y llegarás lejos” es, quizá, el origen de la diplomacia del “bigstick” que usó el susodicho a principios del siglo XX. Cien años después, la imitación de los modos imperialistas ha llevado a la renovación bufa de esas actitudes imperiales y dominadoras que usaron los americanos para garantizarse el cumplimiento de la doctrina Monroe.

Ahora entendemos la escalada brutal de material bélico, la escasez de productos básicos y el lenguaje destemplado y belicoso. El gobierno se está preparando para tiempos de guerra para caerle a palos a otros, pero sin hablar pasito. A Roosevelt le funcionó porque no amenazaba ni insultaba ni chantajeaba, pero con relativa suavidad y constancia predicaba lo mismo en todas partes: Panamá, Nicaragua, Honduras, Cuba, etc.

Hay algo espurio en el uso chantajista de la fuerza derivada de las armas, del petróleo y del lenguaje descalificador y maltratador de nuestros gobernantes. No es un hablar pasito blandiendo un palo, es una amenaza cierta y destemplada con otra amenaza bélica estranguladora. Faltó la declaración de guerra, como en su época quiso hacer, por mucho menos, el finado Chávez.

El problema no es resolver el problema, es haberlo creado inicialmente y una vez generado pretender que los demás países y personas se tragarán el asunto como lo están presentando los manipuladores políticos del régimen. El gobierno sabía muy bien que lo del general Hugo Carvajal era una bomba de tiempo y decidieron jugársela para llamar la atención sobre algo diferente a las protestas masivas y la ineficiencia gubernamental. Lo mismo hizo Hitler, llamando la atención del pueblo alemán con pequeñas invasiones y problemas fronterizos. Distracción maligna e imposición de figuras públicas de dudosa reputación, como modelos del hombre nuevo…

Esa es mi interpretación rápida y somera de este asunto tan triste y vergonzoso. Holanda tiene razón en alegar, al igual que Venezuela, la inmunidad diplomática; también asiste la razón a Aruba que, en definitiva, es la agraviada, pues su respetado vecino le metió en su casa, de contrabando, un personaje con prontuario criminal en el ámbito internacional y nada menos que por delitos de drogas, asunto sobre el cual Aruba está siempre en la mira de todos los países víctimas de ese flagelo y en particular de Estados Unidos. 

La realidad es que nos devolvieron a nuestro personaje anulado internacionalmente y el mensaje obvio es que veamos qué hacemos con él. Así que ahora tendremos que cargar con ese prohombre en cuya defensa imposible solo cupo la amenaza, el chantaje, los improperios y el engaño.

alvarogrequena@gmail.com

@arequena