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José Rafael Avendaño Timaury

Distopías

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Noviembre de 2015 agoniza presagiando acontecimientos que sacudirán la consciencia republicana y democrática en la Venezuela sufrida de nuestros días. Diciembre casi siempre ha sido un mes (1908; 1935; 1946; 1957 y 1998) en que, por causas naturales y/o políticas, los hechos acontecidos han derivado en transformaciones profundas en la nación, trayendo como consecuencias ajustes en el área social y, consecuencialmente, en lo económico.

En 1908 las rivalidades entre “compadres” por sacramento y por actividad, luego de conspiraciones palaciegas y geopolíticas, significó el traspaso del poder del general Cipriano Castro al general Juan Vicente Gómez. El encargado le dio la tradicional “patada histórica” a su mandante mediante un sui géneris golpe de Estado. Esto fue el comienzo, con diversos altibajos de estilo y de comportamiento, de la dictadura gomera y de gamonales de 27 años.

La parca, acreedora puntual de toda vida, vino por el dictador el 17 de diciembre. El estupor y la incredulidad de los venezolanos despertaron del letargo a partir de enero de 1936 con la liberación de los presos políticos y el regreso de los exiliados. La falta de una dirigencia competente propició que el atraso institucional se extendiera con ligeras variantes por 10 años más. No en vano historiadores y ensayistas afirmaron que el siglo XX se inició en nuestro país con 35 años de retraso.

El 17 de diciembre de 1946 se instaló la Asamblea Nacional Constituyente, cuyo desempeño concluyó finalizando el año 1947. En ese mes se eligió un Congreso Nacional y a Rómulo Gallegos como presidente de la república, mediante votación universal, directa y secreta. En noviembre de 1948 el zarpazo uniformado derrumbó, provisionalmente, la utopía democrática. Los milicos de entonces, nueve años después, fueron desalojados a su vez mediante la verdadera unión cívico-militar el 23 de enero de 1958.

El 15 de diciembre de 1957 los “guapetones” de siempre, prevalidos de la fuerza castrense y del contubernio civil de rigor inventaron –violando la Constitución Nacional vigente, espuria y acomodaticia promulgada en 1953– el plebiscito complaciente, como mago sacando conejo de chistera, anunciando con bombos y platillos un contundente triunfo electoral de los milicos de turno. El 1° de enero de 1958, apenas 15 días luego del fraude, (entre caña, aguinaldos y hallacas) aviones militares bombardearon Miraflores y la sede de la SN (Sebin de la época) en concordancia con militares dignos del Ejército. El 23 de enero de 1958, luego de los 39 días del fraude electoral, el guapo, por “apoyado”, dictador, en unión de sus conmilitones emprendieron cobarde huida. ¡Resurgió nuevamente la democracia, con la manera civil y republicana de gobernar en Venezuela!

Cuarenta años duró esa experiencia. Para el 6 de diciembre de 1998 nuestro país estaba sumido en una profunda crisis política donde la corrupción generalizada y el alejamiento de la ética como filtro fundamental para el cabal funcionamiento de las instituciones republicanas, había sembrado en las mayorías nacionales de la época un deseo de cambio profundo en el manejo de la “cosa pública”. Esos cuarenta años fueron de aciertos innegables; pero también de errores garrafales que nos llevaron a procurar un profundo cambio político. Nuevamente la aspiración mayoritaria de los venezolanos fue vilmente burlada. La demagogia y el totalitarismo imperante nos han conducido a la crisis nacional actual. ¡Aquellas lluvias trajeron todos estos lodos!

Ahora el pantano viscoso y maloliente que inunda a Venezuela nos hace difícil movernos con libertad. En 7 días compareceremos ante las máquinas de votación y ante nuestras conciencias. Ratifico, nuevamente, mi creencia de que más de 80% de los venezolanos –electores o no– aspiramos a un cambio global para que la crisis económica, social y política sea resuelta.

El prototipo de sociedad actual donde sobrevivimos no es producto de una concepción ilusoria o imaginativa. Ha sido impuesta coercitivamente con los eficaces lubricantes proporcionados por los poderes públicos constitucionales que han sido secuestrados totalmente con el sustento disuasivo –por ahora– de bayonetas milicas. Con continuo derramamiento impune de sangre venezolana. Inexplicablemente, la señora Tintori, con inaudita carencia de sindéresis y de juicio político apropiado, persiste en denunciar todos los crímenes y atentados ante la FGR. El ilegítimo Estado actual ha sido implementado con diversas notas conocidas, además de burda manipulación mediática y política. El espionaje de todo tipo auspiciado por el Estado campea; cuya cabeza visible corresponde al presidente de la Asamblea Nacional. Este personaje nos sorprende semanalmente con denuncias emanadas de “patriotas cooperantes” que están expandidos en el territorio nacional como la verdolaga. Sus argumentaciones pudieran servir de libreto de telenovelas. Resume en su persona el totalitarismo vigente: preside la AN; ejerce funciones del Poder Ejecutivo mediante el acatamiento de instrucciones precisas del jefe del Estado que deben ser reservadas al Ejecutivo y se subroga poder militar, además de facultades judiciales y de contraloría.

La “cayapa” mediática –propaganda ilegal, apabullante y abusiva de toda laya– que padecemos (en contraste con el silencio presidencial derivado de los familiares detenidos en Estados Unidos) nos lleva, a su vez, a concluir que efectivamente el actual régimen hace ostensible un pavor inocultable. Irrespetan a los connacionales con el ofrecimiento de nuevas canonjías; algunas pertinentes, otras irresponsables. Además de la amenaza farisea de que las viejas conquistas reivindicativas (pensiones, bonos, equipos etc.) serán derogadas si pierden… ¡Pataleos de ahogados!

Como colofón a esta “ayuda memoria” histórica es propicia la advertencia para evitar que el mes de enero de 2016 sea similar a lo acontecido en las otras oportunidades cuando las expectativas deseadas y procuradas por las mayorías nacionales han naufragado por la incompetencia de dirigentes que no supieron estar a la altura del compromiso. La responsabilidad histórica no concluye con la segura derrota del régimen. La misma se prolongará en aquellas decisiones que habrán de implementarse en el tiempo y en el espacio; en especial la que se refiere al proceso electivo de más alta magistratura. Una mala escogencia significaría, nuevamente, decepciones, frustraciones o prolongaciones circunstanciales indebidas. Convirtiendo nuevamente el destino de la nación en un círculo vicioso; de flujos y reflujos; o el de añorar –con la vernácula desmemoria tradicional– viejos tiempos aparentemente mejores; olvidando, convenientemente, todos los latrocinios e indignidades cometidas… ¡La triste historia no debería nuevamente a repetirse!

 

cheye@cantv.net

@CheyeJR

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