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Beatriz de Majo

Disputándose al traidor

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Grotesco ha sido el espectáculo protagonizado por los presidentes de Nicaragua, Bolivia y Venezuela, quienes se han estado alzando sobre la punta de los pies, de manera de ser retratados cuando Edgard Snowden consiga salir del aeropuerto Sheremétievo de Moscú.

El fugitivo anda en busca de un refugio seguro para continuar con su propósito de desacreditar a su propio país ante el mundo y los únicos voluntarios a lanzarse al ruedo para ayudarlo han sido Nicolás Maduro - quien desde los primeros días asomaba el cuello buscando ser tenido en cuenta por el delincuente- seguido de Evo Morales y Daniel Ortega.

El sensible asunto de la seguridad estadounidense es el tema que ha permitido que un inmoral traidor a su nación enlode a la importante institución a la que prestaba sus servicios y le genere un perjuicio notable a su patria.
El momento en el que los líderes americanos tratan denodadamente de asegurar a sus nacionales y a sus instituciones un país refractario a los ataques terroristas, es el escogido por este infeliz criminal para filtrar información sobre lo que personalmente considera una práctica abusiva de la Agencia Nacional de Seguridad.

Snowden ha conseguido llamar la atención mundial, sin duda... lo que no necesariamente le garantiza un final feliz a él, ni a los países que han estado disputándose primacía en este juego perverso.

Lo que estos países están arriesgando no es su relación económica o política con Estados Unidos, ya que lo que está en juego es bastante más que unos millones de dólares en mercancías transadas.

Para Washington, son los cimientos de su aparato de seguridad nacional los que este ciudadano ha puesto a cimbrar. Estamos frente a un delito de fuga de información clasificada de un sustantivo programa de seguridad – el programa Prisma- que permite al Gobierno estadounidense solicitar información de redes como Google y Facebook y el cual juega un muy relevante papel en asuntos vinculados con terrorismo y la seguridad del país.

Tengamos claro que Snowden no ha intentado un proceso judicial en el que acuse al Gobierno de ilegalidad. Su alegato ha sido de abusos, los que, de haber ocurrido, deben ser imperativamente investigados y castigados. El irresponsable o arrogante joven se convirtió, más bien, en un filtrador de información sensible lo que de cara a la ley americana se tipifica como delito de espionaje. De ser considerado culpable en los juicios que ya están en marcha “el topo” podría enfrentar 30 años de prisión.

Hoy Snowden es un fugitivo de su país y tanto Bolivia como Nicaragua y Venezuela, intentan convertir a un criminal en un héroe y jugar el papel de protectores internacionales de un delincuente en materia de seguridad. El precio a pagar puede ser alto.