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Claudio Nazoa

Disfrazisufrido

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Hoy, de nuevo, quiero compartir esos disfraces que gozamos y sufrimos.

El disfraz de bañera y el de pantalón, fueron inventos de mi padre, Aquiles Nazoa, y de su pana burda el pintor Jacobo Borges. Yo era el mono de prueba.

Para el disfraz de bañera usaron la armadura de una bañera de alambre cubierta de cartón y de tamaño natural, con unos pies al final que hacía parecer que yo iba sentado. El armatoste guindaba de mis hombros con un par de correas. Yo, sin camisa y con la bañera al hombro, tenía una regadera amarrada a mi espalda y dos huecos para meter las piernas. Así me iba caminado a la escuela donde siempre ganaba el premio del mejor disfraz.

El disfraz de pantalón era un pantalón gigante de 3 metros con enormes elásticas. Para darle forma, usaron una armadura con alambre de donde, internamente, salían unos ganchos que reposaban en mi cabeza y hombros. Veía y medio respiraba por unos huequitos de la bragueta. A lo lejos, parecía un pantalonzote caminado solo.

A mi recordado amigo Oscar Yanes también lo torturaron disfrazándolo de piña y en otra ocasión, de caracol.

El disfraz de piña era de cartón, alambre y trapo, con ellos hacían un enorme caparazón que lo cubría desde el cuello hasta los pies. Usaron materiales que puyaban, picaban y eran pesados, además, le encasquetaron un sombrero de auténtico penacho de piña.

El otro disfraz, el de caracol, era de cartón piedra. Allí metieron al pequeño Oscar de 8 años, vestido con un shortcito y una franelita. El pobre no podía moverse y tenían que llevarlo cargado a las fiestas. Oscar me contó que lo ponían sobre la mesa junto a la torta y la gelatina y allí, con sus antenitas en la cabeza, se quedaba mirando correr a los demás niños mientras decía: “¡Soy un caracol! ¡Así son las cosas!”.

A César Miguel Rondón, me contó él, lo disfrazaron de compota Gerber de Cambur. El disfraz era un pote gigante de compota hecho de cartón piedra con una ventanita por donde asomaba su cabecita pelona. Era divertido ver las piernas de ese pote de compota caminando. Por cierto, César Miguel quedó de segundo en el concurso de la escuela, ya que el primer lugar lo ganó Tania Sarabia, a quien disfrazaron de alpargata guajira. El disfraz consistía en una enorme chola y el cabello rojo de Tania, era la mota típica de la chancleta motilona.

Por culpa de nuestros creativos padres, con qué envidia mirábamos a los niños disfrazados de Superman, Mujer Maravilla o Zorro.

@Claudio Nazoa