• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Elías Pino Iturrieta

Dibujo libre

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La oposición comenzó a tener importancia cuando se manifestó de manera coherente. De un tiempo sin contribuciones concretas, llegó hasta el actual capítulo de realizaciones mediante las cuales se presenta como una referencia no solo capaz de aglutinar la voluntad de multitudes de venezolanos, sino también de indicarle al gobierno que no puede hacer con el país lo que le venga en gana. El resultado de las últimas elecciones presidenciales testimonió la existencia de una inmensa cantidad de ciudadanos, cerca de la mitad del electorado, motivada por la oposición y dispuesta a seguir sus estrategias para la toma legal del poder. De los trabajos de la oposición ha surgido un liderazgo de nuevo cuño, o se ha mantenido una dirigencia proveniente de las luchas de la democracia representativa, gracias a los cuales se demuestra la persistencia de cabezas confiables en el manejo de la política frente a un régimen arbitrario y sin escrúpulos. La forma desmedida de gobernar, los inclementes usos de la “revolución” para la imposición de sus caprichos, avalan con creces la interpretación en torno a las cualidades de los organizadores de la fuerza que se ha levantado contra los desmanes del chavismo y del madurismo, hasta llegar a su relativa consistencia de nuestros días.

Pero no fue así al principio. Las primeras reacciones contra la “revolución” se caracterizaron por la intermitencia y por la dispersión, por la vacilación propia de los primeros pasos, por ideas y planes sueltos que desembocaron en fracaso; por el predominio de individualidades que condujeron a aparatosos descalabros, entre ellos la idea peregrina de abstenerse en unas elecciones parlamentarias, la “genialidad” de apoyar la candidatura presidencial de Arias Cárdenas  y el pecado capital de involucrarse en una deplorable aventura golpista. Fue milagroso que pudiera la oposición levantar cabeza después de semejantes disparates, pero lo hizo hasta llegar a su situación de la actualidad. No ha logrado el propósito de controlar el poder nacional, pero ha ganado o mantenido espacios en las regiones y ha dado la cara con valentía en la Asamblea Nacional y en las legislaturas estadales, después de sortear infinitos escollos. Ha perdido el fuelle de hace poco, se le ha desvanecido el ánimo en las últimas campañas, muestra síntomas de decaimiento después de recientes derrotas, pero sigue en el candelero. ¿No se anima así el deseo de continuar el viaje en un vehículo cuyo itinerario parece bien pensado? Los apresurados y los ingenuos prefieren un periplo más acelerado, una estrategia de caída y mesa limpia, una carrera que termine mañana, quizá porque olvidan y subestiman lo mucho que ha costado la construcción de una presencia ineludible.

El trabajo ha sido producto de la unidad, como se sabe, y viene a cuento ante la aparición de conductas de la dirigencia capaces de menoscabar y aun de desmantelar una faena exitosa para quienes consideramos que el reloj de la historia es más pausado que el despertador de las jornadas rutinarias, o para quienes esperamos que no se vuelva a la disgregación de los primeros días. No se discute ahora el derecho de un par o de un trío o un cuarteto de líderes de llevar a cabo propuestas particulares contra el gobierno. Están en libertad de hacerlas, aun a costa de la amalgama lograda hasta la fecha. Son libres de buscar butacas mejores en la cúpula de la disidencia, no faltaba más. Tampoco se pretende proponer que se consideren sagradas las palabras de la MUD, pues no pocas veces, para impaciencia de los seguidores, se han equivocado sus voceros estelares y han perdido el camino. ¿Cuál es, entonces, el problema del dibujo libre con el que ensayan algunos ahora? Ese dibujo libre no capta los detalles del paisaje, especialmente aquellos a través de los cuales se aprecia la debilidad que caracteriza a la oposición después de las elecciones municipales. No parece razonable una propuesta radical desde una posición de quebranto, ni aconsejable la creación de expectativas sin fundamento en medio de la brutal crisis económica que experimenta la sociedad. Ya es bastante la desesperación, como para que se le agreguen nuevas desesperanzas. Mientras la oposición pierde coherencia por la reaparición de la inconsistencia, el madurismo se frota las manos.