• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Orlando Luis Pardo Lazo

Diálogo, ¿para qué?

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En mi país hace más de medio siglo que el gobierno no dialoga con nadie. La Revolución cubana no reconoce a ningún otro interlocutor que no sea ella misma, encarnada en la figura de su Máximo Líder, el hoy ya decrépito Fidel.

Fusilamientos, condenas a treinta años, exilio perpetuo. Quien quiso dialogar en Cuba terminó en una de estas tres categorías del totalitarismo tropical.

Incluso hoy, en pleno siglo XXI, con una disidencia que ha ocupado ciertos espacios alternativos de expresión a costa de mucho sacrificio, la gerontocracia cubana ha de morirse en el poder sin haber cruzado palabra con nadie, excepto con su propio clan: la llamada generación “histórica”.

El diálogo con los comunistas, así se las den de que respetan elecciones y otras hipocresías, es siempre una decepción o una trampa. Los comunistas no tienen nada qué decir, esa no es su misión internacional. Ellos solo cumplen órdenes de un partido político que encarna el dogma en sí. Son soldados con ropajes de actor civil.

La idea es tomar el poder a cualquier precio y ya no soltarlo de manera pacífica nunca más. Hay una etapa en la que los comunistas simplemente aniquilan a sus adversarios. Y hay otra en la que es pertinente engatusar al oponente con la mascarada de un diálogo.

Es por esto que los partidos comunistas fueron ilegales tanto tiempo en tantos países, una ley lógica por simple instinto de conservación. Pero hoy las democracias viven acomplejadas de ser democracias y ya apenas tienen demócratas que las defiendan, tanto en el primer mundo como en las naciones subdesarrolladas.

De manera que los comunistas en Latinoamérica, por ejemplo, aunque no se llamen del todo así, ahora minan en santa paz nuestros sistemas sociales, y el continente entero tiende a ser un bloque violador de los derechos elementales del ciudadano. Cada caudillo ostenta con legitimidad su banda presidencial de por vida, siempre con una estrellita roja en el logo de sus respectivos partidos.

En lo personal, no creo que un partido de inspiración violenta y retórica intolerante deba participar del juego democrático en ninguna época. En Cuba, tras 50 años de secuestro de la vida política por parte del Partido Comunista, es obvio que ninguna transición será democrática sin desintegrar al PC. Y sin ilegalizarlo durante un plazo acaso similar al despotismo semicentenario de los comunistas cubanos, que del desprecio por el diálogo pasaron enseguida al desprecio por la decencia.

En Cuba, hace unos días el canal Telesur transmitió en vivo y en directo el diálogo de la oposición ante los dictadores venezolanos. Una oposición que por desgracia no tiene ya otra opción que sentarse en la mesa dictatorial, siempre y cuando sea autorizada, y en el momento en que mejor le convenga al poder para comprar tiempo de cauterizar las protestas populares, criminalizar a sus líderes, y a la postre perpetuarse.

Los gobernantes de Venezuela saben bien lo que hacen. Están “dialogando” acaso por última vez. Pronto no tendrán que molestarse en esos despliegues desesperados, donde el planeta entero se azora, indolente, de sus manías de hegemones.

Pronto la H de Habana demostrará ser mucho más que una letra muda, mortífera. Si no hay un despertar de la comunidad internacional, si se abandona a su suerte a los demócratas venezolanos que han dado lo mejor de sí (sus vidas), como en su momento el mundo desahució a varias generaciones de demócratas cubanos, el comunismo made in Castro entonces se sentirá impune de caer, como un páramo de silencio soez, sobre nuestros futuros siempre tan fútiles en tanto naciones.