• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Armando Durán

Diálogo y ventajismo consentido

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

“¿De qué se ríen esos señores?”, me preguntó asombrado un amigo extranjero de visita en Caracas por aquellos días exaltados de las elecciones presidenciales. Se refería, por supuesto, a los dirigentes de la MUD que nos decían entonces, en rueda de prensa transmitida por televisión, sonrientes a más no poder y aparentemente felices, que en las elecciones del domingo había ganado Venezuela. Vaya, como si el 7 de octubre no hubiera ocurrido nada de real importancia.

La desmesura de esas nadie sabe muy bien por qué presuntuosas declaraciones en medio del colectivo duelo opositor la corrigió Henrique Capriles Radonski horas más tarde, al señalarle a sus compañeros de la MUD y del Comando Venezuela, sin eufemismos, chistes fuera de lugar ni pendejadas, que “aquí ganó el Gobierno, no ganó Venezuela”.

Se entiende que las cabezas más visibles de las instancias unitarias de la oposición traten por todos los medios de reanimar a sus seguidores, cuando apenas faltan dos meses para las elecciones regionales. Unas elecciones, por cierto, que no son desde ningún punto de vista intrascendentes, pues tras ellas viene el más audaz de los proyectos de Hugo Chávez, la puesta en marcha de unas llamadas “micromisiones”, coordinadas por Nicolás Maduro, cuyo objetivo central es construir una nueva geografía del poder mediante la transferencia directa de programas y recursos del Estado a las comunas, sin pasar por las gobernaciones o los municipios. Es decir, la intención de imponer la supremacía ejecutiva de las comunas socialistas sobre los poderes regionales de elección popular, para levantar con esta maniobra los fundamentos de una revolucionaria República Comunal de Venezuela.

Para que este definitivo reto del régimen no se haga realidad después del 16 de diciembre, parece urgente que la oposición comience a actuar con ese mínimo de “eficacia y realismo” que según The New York Times le faltó para encarar el referéndum revocatorio en 2004 y la candidatura de Chávez el 7 de octubre. Y que reaccione con madurez suficiente para fijar la responsabilidad exacta de cada quien en la derrota, para hacer una autocrítica auténtica y a fondo que impida volver a caer en los errores de siempre y para introducir en el equipo directivo de la MUD los cambios que permitan enderezar el rumbo opositor.

En el marco de esta compleja coyuntura fue que Chávez arrojó su demoledora carga de profundidad. “¡Invito (a los otros) a la unidad nacional, respetando nuestras diferencias!”, aunque de inmediato, para frenar a tiempo la exagerada euforia inicial de muchos de sus adversarios, añadió que siempre que ese diálogo no sea a “la vieja manera”, sino para iniciar “un debate abierto y franco, y que la élite opositora cambie”. O sea, unámonos, pero no para que el régimen rectifique o para co-gobernar, como algunos puede que sueñen, sino para que la oposición reconozca que Chávez tiene razón en todo lo que dice y emprende, y admita al fin que siempre ha estado equivocada y se comprometa a darle su respaldo al Plan Socialista del régimen. En estos términos es que Chávez define (lo ha hecho siempre) la posibilidad de un diálogo con sus adversarios.

Este razonamiento de Chávez es perfectamente lógico. Si la “alternativa” que dice representar la MUD no se consideró oposición mientras intentaba derrotarlo, el ineludible paso siguiente de la ecuación es un acercamiento de ambas tendencias sobre el punto no negociable de garantizarle a Venezuela mil años de felicidad socialista, mejor negociada que impuesta por la fuerza. Total, si durante la campaña aceptaron sin chistar el desarrollo de una ilimitada intervención del Estado a favor de Chávez con tal de ser considerados como alternativa legítima y legal, ¿por qué no aceptar la generosa oferta presidencial de sentarse a una misma mesa, sin duda simples artefactos decorativos, pero sin duda también políticamente vivos?

Dice Aníbal Romero en su artículo “El vacío”, publicado el pasado miércoles en estas páginas, que mientras Chávez tiene convicciones firmes y no se anda con rodeos ni medias tintas, él siente que la oposición tiene un “vacío espiritual, un ánimo de arreglo y contemporización a toda costa, una renuncia a llamar al pan, pan, y al vino, vino.” ¿Se debe a esto la complacencia de algunos dirigentes que se hicieron los locos frente al escandaloso ventajismo oficial, aunque ello significara perder de antemano, y el entusiasmo actual por el llamado a dialogar con Chávez si esta vaga invitación finalmente se produce? ¿Será de esto que se ríen los voceros de la MUD?