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Vladimir Villegas

Diálogo sin prisa, pero sin pausa

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Algunos amigos me dicen que últimamente he estado monotemático en mis artículos, y que no salgo “del bendito asunto ese del diálogo que no va a traer ningún resultado”. En lo primero tienen razón. No salgo de ese bendito tema porque apuesto a que es la mejor alternativa para que Venezuela avance. Y en cuanto a lo segundo, espero que se equivoquen y sí se alcancen resultados satisfactorios.

Yo apuesto por el éxito del proceso de diálogo. Apuesto a que los venezolanos tenemos cómo ponernos de acuerdo y salir adelante en torno al proyecto de país que está escrito en la carta magna y que nació de un amplio proceso de discusión, para luego ser sometido a referéndum. Me rehúso a creer que el camino es el de una batalla decisiva en la cual uno de los bandos se impondrá definitivamente sobre el otro. En una guerra como la que algunos extremistas de diverso signo se imaginan y desean no hay vencedores sino sobrevivientes.

Muchos son los peligros que acechan a esta iniciativa aún incipiente. Uno de ellos, el más peligroso, la inexistencia de un clima de confianza entre los actores. Son capaces de reunirse, de sentarse en una misma mesa, de recriminarse conductas, de llegar a mínimos puntos de acuerdo, pero aún les falta mucho para confiar en las buenas intenciones del otro. Y ese clima, obviamente, no se construye de un día para otro. Se va creando a partir de los pequeños pasos conjuntos que se puedan dar para llegar a conclusiones que se traduzcan en acciones concretas para solucionar los nudos que impiden la coexistencia entre ciudadanos que tienen visiones de país enfrentadas, que viven divididos por muros que tarde o temprano tendrán que ser derribados.

Tanto la impaciencia como las pausas prolongadas también atentan contra el éxito de este difícil camino. Todo diálogo, para que sea exitoso, debe culminar con resultados concretos. De lo contrario, es una inútil puesta en escena que, lejos de lo que se busca, terminaría potenciando las agendas que precisamente excluyen las soluciones enmarcadas dentro de los postulados de una constitución a la cual nos aferramos quienes estamos convencidos de que el modelo allí expuesto es el que le sigue conviniendo al país. No se pueden alcanzar resultados de un día para otro, como por arte de magia. No se trata de hacer cotufas en un microondas. Pero tampoco ayuda jugar a correr la arruga. En este caso intentar ganar tiempo puede traducirse en todo lo contrario, en perder un tiempo valioso e irrecuperable.

Se impone un adecuado manejo de los tiempos, tanto para las decisiones de carácter político como para las que se esperan y se requieren en el ámbito económico. En este último espacio hay muy buenas señales, que nos hacen ser optimistas. En lo político, seguimos a la expectativa. En este punto es crucial mostrar avances, que no son necesariamente resultados inmediatos. Es aquí donde las señales cuentan demasiado. Las señales de buena voluntad, de real disposición a darle continuidad a esta difícil labor y a ponerle punto final a este ciclo de confrontación, de enfrentamientos estériles que atentan contra las posibilidades de superar las graves dificultades que tenemos como país.

No me anoto en el bando de los impacientes que exigen resultados inmediatos, pero me preocupa que el diálogo se quede en el aparato y terminen teniendo razón sus detractores, y se debilite la posibilidad de evitar una escalada en el conflicto político y social. Hay sectores cruzando los dedos para que esta iniciativa se venga a pique. No los complazcamos, por el bien del país, y asumamos nuestra responsabilidad de hacer lo adecuado, lo que esta hora reclama.

 

Cruz Villegas

Hace 97 años, el 3 de mayo de 1917, nació nuestro viejo, Cruz Villegas, líder obrero, dirigente del PCV, hombre de firmes convicciones y de corazón tierno. Imposible no recordarlo en esta fecha.