• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Vladimir Villegas

Diálogo en peligro

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Salvar el diálogo es la responsabilidad principal que tienen tanto el gobierno como la oposición en Venezuela. No hacerlo coloca al país ante el riesgo de una radicalización del verbo y de la acción, y terminaría por darle la razón a quienes creen que aquí no hay espacio para la conciliación sino para una batalla de la cual saldrán unos victoriosos y otros  aplastados.

La presencia de los cancilleres de Brasil. Colombia y Ecuador, como parte del acompañamiento de Unasur a este esfuerzo,  es un punto de apoyo esencial para avanzar en la construcción y desarrollo de una agenda común. No es fácil pero tampoco  es imposible superar las trabas que se han presentado en el camino

Si alguna lección puede obtenerse del proceso de diálogo entre el gobierno de Colombia y las FARC ha sido precisamente que nunca debe cerrarse totalmente la puerta, que a pesar de los desacuerdos y con todo los enfrentamientos bélicos que ocurren en el hermano país siempre está abierta la posibilidad de retomar las conversaciones.

El diálogo en Venezuela tiene sus detractores en los extremos de la política. Quienes cultivan la violencia guarimbera lo consideran una traición por parte de la Mesa de la Unidad Democrática y de todo aquel que se siente a conversar con “la dictadura”, sean estudiantes, empresarios o políticos.  Otros, también desde posturas opositoras, no le disparan directamente, pero hacen de tripas corazón para banalizarlo, cuestionarlo e incluso sabotearlo.

Lo mismo ocurre desde el lado del chavismo. El presidente Nicolás Maduro ha sido sometido a una gran presión por parte de sectores intransigentes, de poca inserción real en las bases del PSUV pero con gran capacidad de generar ruidos incluso en emisoras comunitarias, desde donde se acusa al mandatario de hacer concesiones inaceptables a la burguesía y de poner en peligro el legado del comandante Hugo Chávez. A ello se suman declaraciones de altos dirigentes rojitos que en nada ayudan a calmar los ánimos.

Imaginemos  lo que pudiera ocurrir si los extremos de cada lado llegan a imponer sus puntos de vista. Estaríamos a las puertas de graves enfrentamientos que tal vez puedan superar en gravedad y en víctimas fatales el ya trágico saldo que han dejado todos estos terribles acontecimientos iniciados en febrero.

Si el diálogo político no encuentra un ritmo productivo de nada valdrán los acuerdos económicos porque no habrá un clima favorable para ello. Todo es cuestión de que se comprenda a plenitud las consecuencias negativas que tendría el fracaso de esa iniciativa.

A quienes reclaman que el diálogo no ha dado resultados es bueno advertirles que esto no es una carrera contrarreloj, que la prisa es mala consejera, y que el diálogo, con todo y sus bemoles y contratiempos, interpreta la voluntad de la absoluta mayoría de los venezolanos, que quieren justicia, paz y soluciones a los graves problemas del país sin tener que seguir pagando el alto y doloroso costo de vidas humanas que han sido segadas en estos tres meses.

Las partes deben ir a este diálogo dispuestas a luchar por sus ideas y por los reclamos y demandas que consideran justas, pero el trabajo será mucho más efectivo en la medida en que cada una se ponga en el lugar de la otra,  y se plantee como contribución fundamental  escuchar sin aprehensiones lo que tiene que decir su interlocutor. 

Estamos en una hora difícil, en un momento crítico del diálogo. No se debe tensar la cuerda más allá de lo prudente. Ejemplos sobran de lo que puede ocurrir cuando se pierde la cordura. Y esto vale para tirios y troyanos.