• Caracas (Venezuela)

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Vladimir Villegas

Diálogo sin demoras

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Estamos a tiempo de actuar para evitar que esto se salga del control. Estamos a tiempo de evitar que nuevas vidas sigan siendo apagadas, y que el ciclo violencia-represión-violencia opaque cualquier posibilidad de sentar en la mesa a quienes tienen hoy la responsabilidad histórica de darle a Venezuela la oportunidad de que sus hijos diriman sus diferencias más con el cerebro que con el hígado.

Siempre habrá la opción de que los actores de un conflicto no sólo entiendan y acepten la necesidad del diálogo como mecanismo para decirse las verdades que el otro no quiere o le cuesta escuchar. Podrían pasar meses hasta que ello ocurra. O tal vez años, como en Colombia u otras latitudes. El tema es que los días, los meses y, peor aún, los años, se cuentan en muerte, tanto física como espiritual. El problema es el costo que implica para el país y sobre todo para su gente cada día que pasa, cada demora, cada paso en falso, cada declaración que provoca la crispación de los ánimos.

Y es aquí donde hay que apelar con toda seriedad al sentido de responsabilidad  que debe prevalecer tanto en el gobierno como en la oposición. Más que apagada, la protesta social tiene que ser atendida con decisiones de carácter político y económico. Yo insisto en que el gobierno tiene que dar pasos, señales concretas, como medidas de gracia, amnistía en los casos que ha hemos planteado pública y repetidamente, para favorecer a personas privadas de libertad, y el de venezolanos que se encuentran en el exilio.

Y, aunque  el diálogo ha venido fluyendo más con los empresarios, un buen paso sería la creación de un consejo asesor en materia económica, lo más amplio y diverso posible, para adelantar decisiones en ese campo que sean fruto del consenso, o al menos de proceso de consultas.

En cuanto a la oposición, es necesario,  por su propio futuro político, incluso, y por su cuota de responsabilidad con el futuro del país, que se deslinde con mayor fuerza y decisión de la violencia, porque en un escenario en el cual los violentos, del lado que sea, impongan su agenda las grandes mayorías y el liderazgo de ambos sectores pagarán la cuenta. Y en esa factura van incluidos los muertos, los daños a la propiedad pública y privada, el deterioro de la confianza en que por vías democráticas podemos encontrar soluciones a los graves problemas del país.

Chavistas, opositores y  quienes estamos sin militancia no  tenemos por qué ser rehenes de la violencia, del signo que sea. Y esto no se resuelve  sólo con la acción disuasiva y represiva. Se podrá contener una manifestación, pero lo importante al final es abordar las causas de la protesta y dar respuestas, para que le evitemos al país mayores cuotas de dolor. Para eso tiene que ser el diálogo, y para que todos nos comprometamos a actuar y a dirimir nuestras diferencias dentro del juego democrático, cuyos parámetros están claramente establecidos en la Constitución Nacional.

Esperemos que  esta misma semana los estudiantes, encabezados por Juan Requesens y otros dirigentes,  y el gobierno se vean cara a cara, y de allí salgan respuestas a la agenda y a las demandas de los jóvenes. Igualmente, lo deseable es que la MUD y el gobierno también puedan encontrarse, en el marco del respeto mutuo, para dar inicio a un proceso que no será fácil ni corto, pero que al final siempre  traerá mejores dividendos que el barranco de la violencia.  A la par de ello también es fundamental que la Comisión de la Verdad, en la cual también participarán parlamentarios de la oposición, inicie cuanto antes sus funciones para que se establezcan responsabilidades por la muerte de 29 venezolanos.