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Valentín Arenas Amigó

Diálogo o SOS

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Después de un año como encargado de la presidencia sin poder darle cumplimiento al testamento del teniente: “Resucita la Venezuela que yo destruí”, Maduro, ante la incapacidad para cumplir esa orden, llamó a dialogar. Frente a un panorama tan sombrío uno se pregunta si este llamado, desesperado, a dialogar es sincero o debe leerse como un SOS para evitar que se desplome eso que llamaron revolución y que terminó siendo una revuelta para sustituir la democracia venezolana por una dictadura como la cubana.

Analicemos ahora por qué este llamado a dialogar es un SOS para no gritar socorro.

Los estudiantes en la calle luchando por su futuro constituyen un activismo bien peligroso. Tienen ya un mes en la calle y siguen en su lucha por la libertad. Miedo. La sociedad civil, que los acompaña, no es una movilización política más sino de toda la sociedad, lo que convierte a Venezuela en una fuerza muy superior a la del gobierno. La cultura democrática del pueblo venezolano ha dicho, aquí estoy. ¡Presente! Miedo. La crisis de seguridad, la inflación más alta del hemisferio, la creciente escasez de alimentos, la falta de dólares para importarlos, la caída en la producción de Pdvsa y la enorme deuda con China aceleran la situación de quiebra bien difícil de superar. Miedo. La información ­ de que Raúl Castro está buscando entenderse con la Unión Europea para subsistir económicamente porque si el régimen de Venezuela quiebra el cubano se cae detrás. Este sorpresivo acercamiento a Europa es de una enorme elocuencia. Miedo. El encargado es consciente de que él y su equipo carecen de la capacidad que se necesita para enfrentar la actual situación.

El Estado venezolano, acostumbrado a obedecer durante quince años a un solo ciudadano –el teniente autócrata– ahora sufre las consecuencias de que no hay poderes públicos autónomos y queda el ciudadano sin Estado de Derecho. Debe manejarlo todo como encargado sin tener el liderazgo del teniente, y por eso necesita exhibirlo un día y otro también por la televisión y nombrarlo constantemente porque vive colgado de él. Todo esto proyecta una enorme inseguridad y el temor de resbalar y caer. Miedo. El ejercicio del poder le queda grande como nos sucede a veces con un traje que no se puede ocultar, debilita su gestión y llevó el régimen a un barranco del cual no sabe ya qué hacer para salir. Terror.

Después de este análisis de la situación de crisis agónica que enfrenta Venezuela, ¿no cree usted, amigo lector, que ese llamado al diálogo tiene el sabor de un SOS? Maduro lo que da es lástima. Necesita volar pero no tiene alas…

Diferencias + diálogo = democracia

Ahora lo que faltaba. Las diferencias que existen en toda democracia que lo sea de verdad son superadas a través del diálogo y el entendimiento, pero ahora resulta que a esa realidad el régimen, donde hay una sola voz y una sola orden a cumplir, le llama división; y simpático resulta que muchos ciudadanos ven esas diferencias como impropias de una Mesa Democrática   cuando el diálogo de quienes la integran proclama la existencia de la auténtica democracia que todos los venezolanos queremos tener en este país porque responde a nuestra cultura. No queremos una sola voz de mando dando órdenes, sino un gobernante que, superando diferencias, respete a la persona y apruebe leyes que logren el bienestar de todos los venezolanos por igual.


Diosdado preside la comisión de la verdad, integrada por diputados bien oficialistas, para que investiguen y digan la verdad sobre los hechos recientes que derivaron en la muerte de 28 venezolanos. Si la comisión hace un buen trabajo entonces se le encargará investigar la muerte de los 200.000 que han perdido la vida durante esta revuelta.