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Alberto Quirós Corradi

Diálogo en Babel

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Este será el último artículo que escribiré sobre el “diálogo” hasta que aparezcan resultados concretos que se puedan analizar o hasta que alguien se levante de la mesa, harto de la falta de soluciones a los gravísimos problemas que afectan al país.

No estamos de acuerdo con que la MUD se haya sentado a dialogar con el régimen porque la legitimidad del gobierno está en entredicho. La representatividad de ambas partes es limitada. El ventajismo del gobierno es enorme. No se puede confiar en que se cumplan los acuerdos. Es más, el oficialismo se ha cansado de “aclarar” que estas conversaciones no son una negociación, que la política oficial no cambiará, que el socialismo del siglo XXI se implantará aun más y que el Plan de la Patria de Chávez es poco menos que intocable. Si esto es así, entonces las únicas consecuencias que pueden derivarse de este “diálogo” son algunas pequeñas e inútiles mejoras en la burocracia del sistema con la ayuda de lo que queda del sector privado. Conclusión: todos debemos remar en el barco que nos dejó el difunto. El problema es que el barco hace agua por todas partes y no importa cuántos parches le pongamos, se va a hundir.

A pesar de cierta euforia que causó la primera reunión porque le dijimos, en cadena, muchas verdades al oficialismo allí presente, lo cierto es que un análisis más pausado de este evento no da pie para el optimismo. Veamos. La reunión no fue celebrada en terreno neutral. Maduro habló mucho más del tiempo que se les concedió a los otros participantes. El moderador fue el vicepresidente ejecutivo que se cansó de hacer comentarios impropios cada vez que intervenía algún representante de la oposición. Nadie reclamó ese despropósito. El jefe de los “colectivos” estaba presente, lo cual confirma que los civiles armados son promovidos por el gobierno. Maduro, al final, tuvo grandes dificultades en su discurso para mantener la apariencia de equilibrio. En otras reuniones, después de celebrarlas en privado, Maduro se aparece en público y en cadena de radio y televisión e interroga a sus partidarios sobre los resultados o aprovecha la ocasión para reiterar que este diálogo no es una negociación. El colmo del abuso fue cuando, en una ocasión, ante un grupo de empresarios los “tranquilizó” diciéndoles que marcharíamos juntos empujados por la Ley de Precios Justos. Un mamotreto que Fedecámaras ha impugnado ante el TSJ. En otra ocasión acudió al 23 de Enero y oyó la versión de un ciudadano oficialista sobre una visita de Ramón Guillermo Aveledo. El orador recordó los “crímenes” del comisario Simonovis, se opuso a cualquier acto de amnistía, “no por venganza sino por justicia”. O sea, que Maduro remata en público las reuniones que se celebran en privado dándole el sesgo que le conviene al régimen. Entonces, nos preguntamos, si Maduro ha dejado bien claro que este diálogo no es para cambiar el modelo socialista del siglo XXI. Si se convocó elecciones, inmediatamente, para reemplazar a alcaldes destituidos sin fórmula de juicio. Si se obliga a quienes quieran manifestar en la calle, a solicitar permiso previo a las autoridades locales. Si se tortura a los jóvenes estudiantes presos. Si se ideologiza la educación como es inevitable que lo haga un gobierno de las características del que nos oprime hoy. Ya lo dijimos en 2002, es imposible que coexista un sistema educativo libre y abierto con un régimen totalitario. Tampoco puede mantenerse una economía de mercado sin eliminar el control de divisas y el control de precios. No habrá gobierno descentralizado ni sector privado fuerte. De manera que, realmente, no hay nada que negociar. Lo que hay y habrá es un diálogo donde nos hablamos pero no nos entendemos. El régimen cree que puede salvar la economía sin quitarle la chaqueta de fuerza ideológica que él mismo le impuso. ¡No se puede! Lamentablemente, este diálogo es entre quienes hablan idiomas diferentes, sin traducción simultánea.