• Caracas (Venezuela)

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Arnaldo Esté

Dialogar para la unidad

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Se trata de crear. Crear una propuesta para el país que no salga de asumir un mesías o un dogma ideológico es cosa muy complicada. No es un simple catecismo ni una derivación lógica. Para este atrabiliario y agotado país, más que necesario es imprescindible.
No tiene la simpleza de amarrarse a la cola de un santón ni escoger entre prefabricados socialistas o capitalistas. Hay que crear.
Crear asumiendo la diversidad, la disparidad de historias y escuelas, de ubicaciones sociales o antigüedades es más que difícil.

No solamente existe la presión de un gobierno que se aferró a un dogma poco y mal elaborado sino la de un país desbaratado y aferrado a un ideario minero de muy bajas exigencias éticas.
Es inevitable que haya encuentros y choques. Unos por su naturaleza impaciente, otros por su sensibilidad a presiones peculiares, otros por sus maneras disciplinarias de concebir las cosas y otros por su propia naturaleza creativa. Esto último es lo de mayor importancia pero no siempre fácil de lidiar.
Pero nuestro país exige creatividad política.
Por lo anterior hace falta unirse. No por fórmula de cortesía sino por rigor metodológico. Asumir la fuerza de la diversidad creativa.
No es fácil. La catástrofe nos rodea y apremia. El bombardeo de noticias ciertas y tremendismos molesta la reflexión cuerda.
Dicho de otra manera, hay que discutir y discrepar en un ambiente de confianza tal, como el que se le pide al diálogo nacional. Pero para construir un proyecto no puede ser la división un referente.
Es común en la política la maniobra artera de presentar situaciones de hecho, de realizar anticipadamente lo que puede ser una propuesta como una decisión tomada. Eso mata la confianza.
Yo estoy convencido de que la crisis actual, todavía sectorizada: social, económica, política... pasará a ser una crisis general, una crisis ética con manifestaciones de acorralamiento, desesperación, atravesados por fuertes pesimismos. De una crisis general pueden surgir catástrofes sociales, pero también puede ser incubadora de grandes creaciones y cursos. A esto tenemos que jugar, para eso hay que comenzar a trabajar. Una combinación de acción y protesta con búsqueda y creación.
En esa dirección ahora proliferan cientos de grupos, de encuentros espontáneos que se reúnen para soltar quejas, lamentos y cuentos. Eso es muy bueno, porque de esos grupos pueden surgir organizaciones estables y propuestas que vayan más allá de lo inmediato y vecinal. Lo que todo el país espera y necesita.