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Pedro Llorens

Día de la lealtad al comandante

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La historia tendrá que ocuparse inevitablemente de Corazón de Mi Patria… aunque no con la extensión y los elogios que quiso para sí y pagó día tras día, año tras año, con el dinero de todos los venezolanos, hasta arruinar y endeudar el país, que era el más rico de Latinoamérica y llevarlo a las puertas de un default (falta)… como si la historia fuese sobornable más allá de la muerte del pagador y del usufructo del poder y de sus bienes por parte de sus herederos políticos.

Ya no lo comparan, al menos en el exterior, donde él y su sucesor Bigotón han llegado a ser motivo de risa, con los mejores entre los buenos, Sandino, Bolívar, Sucre, Martí, y comienzan a vincularlo –aunque exageran– a los peores entre los malos: Hitler, Mussolini, Stalin, Franco (emparentados entre sí por sus increíbles bluff en la política, su  demagogia basada en la idiotez superlativa, su cobardía en grado sumo, su crueldad infinita y lo catastrófico de sus gestiones).

Salvo en la crueldad (la suya no era, en la mayoría de los casos, tan infinita) Corazón de Mi Patria hizo méritos para figurar en la lista de los malos, si no en el hall de la fama, al menos en la liga española, encabezada por Francisco Franco, a quien colaboradores, médicos y familiares citados por el historiador británico Paúl Preston lo muestran como un hombre francamente mediocre, ignorante en muchos aspectos, tanto que frecuentemente era víctima de embaucadores, a los que llegó a pagar fortunas por sus engaños: dormía con un “brazo incorrupto” de santa Teresita de Jesús (Ávila), y llegó a anunciar solemnemente la adquisición de una fórmula para producir petróleo instantáneo, en polvo, tipo Nescafé, que mezclado con agua permitiría sacar a España del subdesarrollo.

El periodista estadounidense Jon Lee Anderson publicó en The New Yorker un perfil de Corazón de Mi Patria en el que revelaba declaraciones del psicólogo de la cárcel de Yare: “Todas las mañanas se sentaba en una silla en un patio cerrado, donde había un busto de Bolívar con el que hablaba largamente”… Un guiño a la locura que años después alcanzó su esplendor con el famoso delirio necrofílico, durante la exhumación de los restos del Libertador en el Panteón Nacional, transmitido por cadena nacional.   

El día de la lealtad al comandante (hoy) evidencia que la escasez de democracia (apenas una pizca) o el exceso de dictadura (falta una pizca), en una “revolución” sin revolucionarios (tutelada desde Cuba), han convertido la necrolatría en doctrina y la necrocracia en sistema de gobierno.