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Rosendo Fraga

Detrás de la violencia en Venezuela

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La crisis política venezolana, exacerbada por la violencia en las calles, tiene lugar en momentos en que el control de las mismas es determinante en la estabilidad de los gobiernos en todo el mundo. En Europa, el gobierno pro ruso de Viktor Yanukovich se ha debilitado: ha tenido que decretar una amnistía para los opositores pro europeos detenidos y su futuro es incierto; en Bosnia y Montenegro, manifestantes disconformes en la última semana tomaron las respectivas sedes de los gobiernos; en Tailandia la oposición viene controlando las calles desde hace meses y desconoce una elección en la cual el oficialismo sostiene que ha ganado; la Primavera Árabe desató protestas que han volteado gobiernos y que hoy debilitan al otrora sólido gobierno turco; en el caso de Egipto, las protestas han sido el desafío que parece haber sorteado con éxito el gobierno de facto que apoyan las Fuerzas Armadas; en América latina las protestas -aunque hoy atenuadas- amenazan la reelección de Dilma Rousseff, en la Argentina irrumpieron en diciembre con saqueos potenciados por una huelga policial y en Venezuela los choques violentos entre opositores y chavistas han precipitado una fuerte crisis política. Los muertos en este tipo de circunstancias escalan fuertemente las crisis políticas y pueden poner en riesgo la estabilidad de los gobiernos. Esto es lo que ha sucedido en Venezuela, donde además de muertos y heridos hay varios desaparecidos, lo cual da la magnitud de los incidentes producidos.

Para Nicolás Maduro se trata de un intento de golpe de Estado de la “derecha fascista”, apoyado por Estados Unidos y articulado regionalmente por el ex presidente colombiano Álvaro Uribe. Por esta razón acusa a Washington de financiar grupos opositores violentos.

Las dificultades que ha enfrentado recientemente el diálogo de paz con las FARC también son, en la visión de Maduro, responsabilidad del ex presidente colombiano, al que también acusa por la violencia que se ha registrado en las calles de Caracas. Esta supuesta ofensiva se materializaría en que grupos armados están actuando en las filas opositoras y en que, previamente, los intereses económicos adversos al chavismo precipitaron la crisis económica que hoy se manifiesta en una inflación superior a 50%, recesión, desabastecimiento de productos de primera necesidad y una gran brecha cambiaria entre el mercado oficial y el paralelo. Una nueva ley permite al gobierno detener a empresarios y comerciantes que aumenten los precios por encima de lo autorizado y a quienes desabastezcan de productos de primera necesidad. Los grupos parapoliciales del chavismo, como el Movimiento Nacionalista Tupac Amaru, cuyo líder prometió “luchas ilegales, clandestinas y violentas, a favor del orden constitucional”, son un ejemplo de la radicalización del oficialismo. Maduro ha movilizado a sus militantes en las calles y las ha ocupado militarmente, ha ordenado la detención del líder opositor más duro, busca ahora mantener bajo control sus grupos más radicalizados y aprovecha la situación para aumentar la censura sobre los medios de comunicación e iniciarla sobre las redes sociales. Ha logrado la solidaridad del Mercosur no sólo por afinidades ideológicas, sino quizás porque tanto Brasil como Argentina temen enfrentar el desafío de la violencia en las calles. Pero frente a la detención del líder opositor más combativo, ha dicho que la derecha “no lo verá más” y ha vuelto a convocar a los militantes chavistas más violentos a que ganen la calle.

La oposición -aunque dividida- ha logrado tomar la iniciativa política por primera vez desde que se uniera detrás de un líder único (Henrique Capriles). Sus líderes más duros, como Leopoldo López y Corina Machado -que venían criticando la pasividad de Capriles y su cercanía al gobierno desde la última reelección presidencial-, han convocado las protestas de los últimos días, que han tenido a los estudiantes como protagonistas centrales, modernizando y rejuveneciendo la imagen de la oposición. Además de libertades, reclaman contra la inflación y la inseguridad, que son las dos urgencias y prioridades de los venezolanos. Capriles teme que la violencia dé el pretexto a Maduro para avanzar más en el autoritarismo de su gobierno. Cabe recordar que el gobierno venezolano en los últimos meses ha tomando el control del único canal de televisión que tenía la oposición, ha dejado sin papel a las publicaciones de ésta y ha comenzado a interferir en los mensajes de Twitter.
Regionalmente, mientras el Mercosur ha apoyado a Maduro, los países de la Alianza del Pacífico muestran una posición diferente, Unasur se manifiesta contra la violencia y la Celac expresa preocupación. López se entregó a las fuerzas de seguridad del gobierno que lo acusa de “terrorismo y homicidio”. Es una apuesta riesgosa, pero que lo puede convertir en la nueva figura de la oposición venezolana
Para la visión de la izquierda populista latinoamericana, hay una ofensiva regional de la derecha que busca desestabilizar los gobiernos de Venezuela y Argentina al mismo tiempo. La realidad es que los dos gobiernos tienen un enfoque económico similar: sufren la inflación más alta de la región. En el caso argentino, la del último trimestre anualizada ya alcanza la de Venezuela y 3,7 de la “oficial” de Argentina de enero, supera el 3,3 de la venezolana; frente a ello, los dos gobiernos controlan los precios, que son “cuidados” en el gobierno de Cristina Kirchner y “justos” en el de Maduro. El cepo al dólar lo inició Hugo Chávez en 2003 y su colega de Argentina en 2011. La fuerte caída de reservas ha sido un proceso común, así como la devaluación de la moneda local frente al dólar, aunque de mayor magnitud en Venezuela. Los dos parecen encaminarse a una recesión en 2014 y ambos avanzan hacia una mayor estatización de la economía, pero están dispuestos a seguir pagando los bonos para no entrar en default. La semana pasada, Maduro denunció un intento de “golpe de Estado” contra su gobierno y el mismo día la presidenta argentina dijo que quisieron "hacer volar por los aires su gobierno" una conjunción de bancos, medios y opositores políticos. En la visión de la izquierda populista latinoamericana, no es casual que en enero The Economist haya titulado una nota diciendo “Argentina y Venezuela se acabó la fiesta”, justo antes de que ambos países al mismo tiempo sufrieran una ofensiva desestabilizadora.

En conclusión: para la izquierda populista latinoamericana, Venezuela y Argentina están sufriendo al mismo tiempo intentos de desestabilización política, encubriendo que ante todo se está evidenciando su fracaso en lo económico.