• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Guillermo Cochez

Deterioro de la clase política es peligroso

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Al analizar la situación de nuestra América Latina se coincide que la clase política está en acelerado proceso de desgaste. Ideologías han pasado de moda.  Desprestigiándolas unos, y otros, como Chávez, pulverizándolas supuestamente por diabólicas y retrógradas. El liberalismo, competencia del conservadurismo en nuestra independencia, desapareció paulatinamente pero infiltrando sus nefastas prácticas a los partidos que nacieron luego. En el caso de Panamá, desde la caída de la dictadura, las ideologías que intentaron mantenerse como la social democracia, representado por el PRD, y el socialcristianismo, por la Democracia Cristiana, han ido diluyendo su caudal programático para terminar cortados con la misma tijera: eminentemente electorales;  dejándose consumir por el clientelismo.

Otros como el Panameñista, creado bajo el pensamiento nacionalista de su líder Arnulfo Arias Madrid, se ubica en un lugar hibrido, desafortunadamente también salpicado por el clientelismo de algunos pocos. Peor ocurre con Cambio Democrático, alrededor de Ricardo Martinelli, que cada día se descubre pudo crecer por los recursos del Estado y por políticos corruptos, inescrupulosos y oportunistas, agudizando la escandalosa crisis política que hoy se vive en partidos como el PRD, intentando, muchas veces con éxito, “comprar” a sus adversarios.

¿Por qué los Kirchner llevan tres períodos gobernando Argentina? ¿Por qué no emerge una alternativa válida para Correa en Ecuador, Morales en Bolivia y Ortega en Nicaragua? ¿Por qué Hugo Chávez y lo que queda de su movimiento ya exceden 15 años en el poder? ¿Por qué Martinelli quiso extender su mandato con un candidato que controlaba? ¿Será por qué son los mejores y los más capaces para nuestros pueblos? ¿O será porque hemos sido nosotros los que hemos permitido que esto ocurra con las permanentes descalificaciones que hacemos de la clase política, por no participar, por  apoyar soluciones mágicas, caso de Chávez en Venezuela y Martinelli (lo apoyé) en Panamá, que una vez en el poder, aunque fuesen de signos políticos distintos, intentaron convertir sus países en verdaderas autocracias?

El rotundo fracaso de la izquierda en las pasadas elecciones no significa que estamos vacunados para que en Panamá no emerja un mesías redentor a tanta corrupción como Chávez en 1998. A pesar de haber tenido cuatro procesos electorales relativamente transparentes desde que regresamos a democracia en 1989, nos salió el tiro por la culata. Un Martinelli que hizo todo lo posible, con la infinidad de los recursos públicos que dispuso ilícitamente, para perpetuarse en el poder. Sólo en la Asamblea se gastaron 117 millones adicionales en los dos años que su compinche Chello Gálvez la presidió; emergió una tremenda crisis en el PRD por la compra que hicieron de sus dirigentes; políticos serios tuvieron que recurrir a la regaladera porque esa práctica electoral se extendió. Cada día que pasa de la nueva administración se descubre un nuevo escándalo de los que se fueron del poder y que juraban iban a continuar con él.       

La excusa que los militares tuvieron en 1968 para emerger en la escena nacional como factor determinante fue precisamente esa: el desprestigio de la clase política y sus constantes luchas por el botín estatal. Parecidas situaciones se dieron en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Nicaragua. Bajo esos mismos parámetros los últimos gobernantes plantearon su desmesurado afán de mantenerse en el poder.

¿Cuándo los políticos entenderán que se tienen que reinventar para evitar caer en los mismos precipicios de otros países hermanos? ¿Podrá una sola persona como Juan Carlos Varela lograrlo en Panamá? Al menos nos queda esa pequeña luz, que en los gobiernos anteriores se diluía y en el último casi que termina de desaparecer. Considero positivo que la sociedad civil está decidida a apoyar cualquier intento serio de adecentar el país. Eso significa que muchos más deben estar pendientes de los asuntos públicos.  

cochez@cableonda.net