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Pedro Conde Regardiz

“Desvelamiento” del diálogo y Zapatero

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Al hablar de diálogo es imposible no recordar a Platón, cuya obra en esa forma y cartas fueron, desde el pasado, objetivo de investigadores, filólogos, filósofos; mediante el diálogo Platón abordó temas para el hombre y desde el hombre, e incluso más, una búsqueda en la que entran en juego el poder y la magia de la razón, por lo cual tal vez sea Platón un precursor de lo que hoy se llama ciencias del espíritu, ciencias humanas, para diferenciarlas de las ciencias naturales, diferenciación debatible, en mi modesta opinión, pues, pareciera que no se considera también al hombre como un ser natural.

Pero lo que nos ocupa ahora no es algo tan filosófico, se trata de una maniobra política, llamada diálogo, ejecutada con cierta habilidad por personeros nacionales e internacionales vinculados al régimen imperante en Venezuela, con ocasión de la discusión en la OEA de un informe del señor secretario general, Luis Almagro, acerca de las vicisitudes venezolanas como consecuencia de las ejecutorias gubernamentales que han arrojado: infracción de los derechos humanos, irrespeto del derecho a la vida y a la libertad, profunda crisis económica signada por fuerte devaluación de la moneda, inflación que ahora podría llegar a 700%, retroceso económico a causa de la instrumentalización de un modelo presuntamente marxista que ha espantado la inversión y la confianza en el futuro de los negocios, máxime cuando está acompañada de inseguridad jurídica y de inseguridad personal, como lo indican las asombrosas cifras de fallecidos semanalmente registradas tan solo en la morgue de Bello Monte.

A esto se une el disfuncionamiento de una estructura estatal con parasitaria burocracia gubernamental, que ahoga la sociedad al no cumplir con las funciones esenciales del Estado, más bien sus representantes violentan a menudo las normas constitucionales y otras leyes con el objetivo de permanecer en el poder y continuar los desvaríos políticos de tan nefastas consecuencias. Sale fortalecida la democracia en Venezuela y en el continente americano con tal discusión en la OEA; fue un triunfo que se aprobase el orden del día y que no se haya tomado decisión final, esto es, no se negó la aplicación de la Carta Democrática.

Despierta perspicacias que la susodicha maniobra comenzó por llamar al diálogo de las partes cuando hubo, siempre con la Carta Democrática como animadora silenciosa,  la primera reunión de la OEA, que apoyó tal llamado, pues se demostró que ya había habido la primera reunión, aparte de las que no se conocen, entre representantes de ambos sectores en conflicto: los que desean continuar en el desgobierno y los que invocan un revocatorio constitucional para terminar con el desbarajuste oficial que empobrece, envilece, a los venezolanos.

Tal maniobra se repitió el pasado martes 21, esto es, al par que la OEA se reunía, con la Carta Democrática como telón de fondo, incrementaron las noticias de diálogo inminente facilitado por el ex presidente del gobierno español señor José Luis Rodríguez Zapatero, los ex presidentes Leonel Fernández y Martín Torrijos, y algunos venezolanos representantes de ciertos partidos políticos, siempre buscando impedir la aplicación de la Carta Democrática, eliminar el revocatorio, empujar al régimen hacia los tres años siguientes para que termine su labor destructora y envilecedora, al concebir el diálogo como un “proceso largo, duro y difícil”, según Rodríguez Zapatero, quien debería tomar nota de lo siguiente:

¿Podrá prosperar un diálogo en medio de insultos, insolencias, epítetos peyorativos, despotricando del adversario, valiéndose del derecho como instrumento policial para perseguir, “juzgar” dirigentes y a la directiva de la Asamblea Nacional? ¿Podrá Maduro abandonar su cartilla insolente, modificar su temperamento vociferante, sus arengas insensatas, vocingleras, sus gríngolas ideológicas, que le permite aglomerar y unificar sus huestes violentas? ¿Podrá el diálogo resultar en un cambio de modelo económico que es lo aconsejable a pesar de que lo ha evadido desde hace rato? ¿En caso de que cambie de modelo podrá ese gabinete ministerial ejecutar nuevas políticas en las cuales no creen?

¿Podrá Maduro liberar el centenar de presos políticos, soltar los ganchos a la libertad de prensa, mejorar la seguridad personal, crear confianza para inversionistas privados y seguridad jurídica al par que combate la pobreza sin demagogia? ¿Llegará después de tanto “tiempo, duro, difícil y largo” de negociación el abastecimiento de alimentos y medicinas, mejorar los hospitales, detener deterioro, por falta de alimentación, de la calidad biológica del venezolano, desestimular las migraciones, defender el territorio de las pretensiones guyanesas? Evidentemente que no. ¿Adónde lleva el diálogo, además? Pues, a estabilizar el desgobierno, no llegará al cambio político tan ansiado por los venezolanos.