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Froilán Barrios

Después del 8-D la procesión continúa

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Definitivamente las elecciones son un termómetro que mide la intensidad del clima político en su momento, debiendo las formaciones políticas competidoras profundizar el significado de los resultados, para no quedarse sólo en el terreno de lo evidente y lo inmediato, la cuantificación de los votos y la personificación del perdedor y el triunfador.
  
De entrada el nivel de abstención mas allá del análisis conformista del CNE y analistas políticos de ambos sectores  sobre el típico comportamiento en elecciones municipales, refleja un cansancio de la población al verse sometida por las circunstancias en poco mas de un año a 4 elecciones,  presidenciales de Octubre 2012, gobernadores 16-D, presidenciales abril 2013 y ahora las municipales.
La gente esta hastiada de confrontación y de la inacción de los gobernantes salvo excepciones, ocupados sólo en contiendas electorales y no de la gestión pública, entre tanto su condición de vida se desvanece. Por tanto es un dato resaltante que el 8-D se haya disminuido la participación en 4 millones de electores con relación a abril 2013, en tan solo 8 meses se esfumó la motivación política y se hizo presente la protesta silente.
 
Otro elemento a destacar en este proceso ha sido el rechazo a las imposiciones de lado y lado, lo que determinó el lanzamiento de centenas de candidatos  del lado fuera del oficialismo, como de la MUD. El resultado más de un millón de votos se orientaron a una tercera alternativa y al logro de 8 alcaldías a nivel nacional.

Manifestándose un rechazo al PSUV por imponer candidatos, ignorando a los liderazgos locales y por otro lado la MUD perder alcaldías por no ampliar su relación con la sociedad civil y otras organizaciones políticas.
 
¿Que prevaleció entonces el 8-D ante la notoria ausencia del electorado? El peso del Estado y todas sus instituciones, donde el PSUV no escatimó esfuerzo alguno en el derroche de recursos ante la mirada cómplice del CNE a favor de sus candidatos, imponiendo una maquinaria con el voto bozal de arepa, a través de las misiones, empresas del Estado, gobernaciones e institutos autónomos, para intentar maquillar una votación mayoritaria en apoyo al régimen.
  
Es evidente que en el resultado del 8D tuvo efecto parcial las fiscalizaciones decretadas desde el Ejecutivo Nacional, pero de allí a pensar que se afianzó o se estabilizó su mandato es una mera ilusión. Con este resultado se amortigua en el corto plazo la crisis politica, económica y social que vivimos, mas no se resuelve la situación de parálisis terminal de la economía heredada del difunto caudillo de Sabaneta y profundizada por la incapacidad del actual gobierno.
  
Para la MUD la jornada del 8-D debe ser motivo de profundas reflexiones, ya que pretender consolarse con los resultados en volumen es un espejismo, ante una realidad evidente y es su divorcio y poca conexión con el tejido social y político del país, reducir su relación con la nación oprimida a un reglamento electoral derivará en su minusvalía definitiva y el surgimiento de una alternativa capaz de interpretar el descontento social.