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Francisco Paz

Desprecio por la Independencia

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Lo del 5 de julio no tiene nombre ni parangón. Nunca antes gobernante alguno de turno (siempre lo son y todos dejan de estarlo algún día), realizó un claro acto de desprecio tan grave por las más significativa de las fechas de la historia de nuestro gentilicio. Sin embargo, el contexto muestra que quienes ostentan el poder solo mantienen una conducta coherente con lo que han hecho con la soberanía venezolana en estos diecisiete años.

El desprecio por la independencia no es más que el éxtasis de la sumisión a Cuba y al mismo tiempo la mayor muestra del aborrecimiento por lo civil, que no pueden ni quieren esconder. En esta clave, irrumpe la evidencia de que no pueden dejarse ver conmemorando una fecha al lado de la institución heredera del Congreso de 1811, como lo es una Asamblea Nacional, que ha comenzado por reivindicar la soberanía y frenar el avance de la colonización puesta en marcha por Cuba. Una Asamblea Nacional producto de unas elecciones que se realizaron pese a todos los obstáculos y presiones, pero que por la voluntad mayoritaria de los venezolanos, hoy es el pilar fundamental para la recuperación de la Independencia, el fortalecimiento de la democracia y el restablecimiento del Estado de Derecho. De por sí, eso explica el desaire a la venezolanidad que los cubanoides han ejecutado este 5 de julio, pero la cosa no queda allí.

Les duele en el alma que se trata de la conmemoración de un acto civil, cuya inmensa trascendencia política podía llevar a sostener en los hechos el desiderátum que allí se postulaba, como lamentablemente ocurrió generando la subsiguiente guerra. La guerra, donde lo militar logra el protagonismo que muestra la historia, gracias a que la ganamos en el último inning, es un hecho derivado, secundario y sangriento. Lo militar es secundario frente al acto civil. La relevancia de la fecha viene dada porque como primer paso para otorgarle permanencia en el tiempo al significado de lo que se declaraba ese día, se optó por un mecanismo civilizado, antiquísimo ya para entonces, como lo es registrar en un acta la descripción de lo sucedido. No se optó por, de entrada, degollar a quienes no estuviesen de acuerdo o bombardear a quienes estaban en contra. Ese día se optó por suscribir un acta. Ese día se optó por firmar.

Con las firmas de los representantes de las provincias de Venezuela se dio el más significativo paso de la Independencia. De allí que no quede duda sobre las razones que tienen quienes ostentan el poder para evidenciar su desprecio por una fecha tan importante para los venezolanos. Es que tampoco pueden celebrar una fecha que se fundamenta en que se recogieron las firmas necesarias para materializar el cambio de la situación. En su terror a la democracia, de la que se sirvieron tramposamente hasta que la gente se dio cuenta de la estafa, no pueden celebrar por las firmas de nada. Mucho menos por unas que constituyen el mejor ejemplo de que con un acto civil, como es la recolección de firmas del veinte por ciento que ya debería estarse realizando, se puede lograr el cambio que deseamos todos los venezolanos.

Ni por una equivocación de la inercia rutinaria de lo institucional, que por cierto nunca ha sido su fuerte, la camarilla que ostenta el poder se iba a dejar fotografiar con un papel en el que se muestran las firmas de quienes, por su voluntad expresada en cada rúbrica, nos hicieron libres, soberanos y autónomos, junto a la directiva de una Asamblea Nacional que es, también, redundando a gusto, libre, soberana y autónoma. Terminada la farsa el 6 de diciembre pasado, cuando fueron expulsados de la Asamblea Nacional quienes nunca fueron dignos de la representación nacional por entreguistas y sumisos, no se iban a mostrar al lado de las firmas de quienes suscribieron el Acta de la Independencia de Venezuela, para que alguien intentara recordarles el demoledor significado de ese acto, que ellos ya no quieren recordar.

La pluma es poderosa y por ello le temen. Y por eso debemos blandir nuestros bolígrafos liberadores para exorcizar los demonios del castrochavismo que han arruinado a Venezuela. Civilistas como somos, solo parafraseáremos al gran escritor ecuatoriano Juan Montalvo, en su “…mi pluma lo mató”, refiriéndose a algún dictadorzuelo, para decir: “Nuestras plumas lo sacaron.”

Me dicen por ahí que quieren declarar ilegal la tenencia de bolígrafos. ¿Firmas? Que va, ni las de la Independencia.

Va de suyo que hablo de aquí y de ahora.

 

@Francisco_Paz_Y