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Pedro Conde Regardiz

Desplome petrolero: causas y geopolítica (I)

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Cunde el pánico. También una ola de expectativas negativas y positivas, de incertidumbre, por los vericuetos del sistema energético mundial, zócalo indispensable del funcionamiento y desarrollo, con sus diferentes matices, del grado de civilización actual de la humanidad. Una vez más Estados Unidos lleva la delantera en la carrera. Regocijado por los avances en la explotación del gas de esquisto, partió decididamente a la reconquista de su independencia energética. Atraídas por un carburante abundante y barato, las empresas regresan a implantarse en la gran nación norteña. Desde Argel a Pekín, de Moscú a Buenos Aires la revolución del gas de esquisto trastorna el paisaje energético amenazando las rentas de los países dedicados a la producción clásica de petróleo. Por ejemplo, en Rusia, el gigante empresarial gasífero Gazprom tiene motivos para preocuparse: la baja de los precios del gas inducida por la nueva oferta podría borrar sus ganancias, esto es, el desplome, que no parece casual ni temporal, dados los factores que analizaremos, de los precios del petróleo y gas clásicos proviene de varias causas y tendrá evidentes consecuencias económicas y geopolíticas.

Todas las fuentes de información energética del mundo coinciden en señalar la creciente producción de gas natural en Estados Unidos como resultado de los incrementos provenientes, desde formaciones (rocas madres) de “gas de esquisto” y “shale”, esto es, no convencional, que también designa al obtenido de depósitos compactos (“tight gas”), registrando espectaculares logros desde el año 2000. Es lo que llaman la revolución del esquisto. Aunque los efectos podrían variar dependiendo de las expectativas concernientes a recursos y tecnología.

Se observa desde ya el fuerte incremento en la producción industrial estadounidense, la cual continuará durante los próximos 10 a 15 años a causa de la ventaja comparativa y tecnológica que proporciona bajos precios del gas que ahora explota. Hay un renacimiento industrial como en el pasado apoyado en energía barata, que también se utiliza para transporte, generación de electricidad y aprovecha oportunidades de exportación. Esta es una de las razones por qué Venezuela debería meditar acerca del incremento de precios internos de hidrocarburos a niveles internacionales, como proponen algunos insensatamente para “desindustrializar” aún más la golpeada economía venezolana y abrirles mercado a productores extranjeros.

El incremento en la producción de petróleo crudo, proveniente de “tight oil” y “shale  formations”, se ha cuadruplicado aproximadamente desde 2008, cuando representaba 12% del total de producción de crudo en Estados Unidos, pasando a 35% en 2012. La producción total proyectada de crudo estadounidense permite calcular que se situaría en 9,6 millones de barriles diarios para 2019, es decir, 3,1 millones más que en 2012. Durante el mismo período la producción de “tight oil” (petróleo extraído de depósitos compactos) crece en 2,5 millones de barriles diarios para llegar a 4,8 millones de barriles diarios (2019), esto es, 50% del total nacional de 9,6 millones de barriles diarios, ya mencionado.

En Estados Unidos se calcula que la disminución de los precios del petróleo y de la gasolina no detendrán el “boom” en la producción de “tight oil”, bien que comenzaría a decaer hacia 2021, tendencia que contribuiría a una declinación en la producción total de petróleo hacia 2040. Pero, este escenario está inundado de incertidumbres, pues, dicha producción casi comienza y depende de las nuevas técnicas  para explotar reservas de alto rendimiento, así como de la EUR (Estimate Ultimate Recovery), mejor dicho, de la recuperación última estimada en yacimientos, depósitos ya explotados (esto se refiere a que un pozo convencional o no convencional puede explotarse en una primera etapa con una técnica determinada, pero no se logra agotar el reservorio, por lo cual con nuevos desarrollos tecnológicos se puede extraer un mayor porcentaje de las reservas “in situ”, como dicen geólogos especialistas.

Se considera que con un precio de 60 dólares tal vez se podría pensar en decrecer la producción modestamente, pero eso afectaría únicamente a 4% de la producción proveniente de North Dakota, Texas, que, de todas maneras, podrían continuar activos si se logran avances tecnológicos, como es de esperarse, según el Departamento de Energía. La producción actual de Estados Unidos de 8,7 millones de barriles por día es la más alta desde hace 25 años; es 1 millón de barriles más elevada que en 2013

Estas incertidumbres se manejan construyendo 3 escenarios que se podrían llamar: optimista, pesimista y promedio. En el optimista la producción desde la fuente “tight” llegaría a 8,5 millones de barriles diarios en 2035 y producción total de petróleo a 13,3 millones de barriles diarios. Para 2020, las importaciones representarían 15% del consumo total y seguirían declinando hasta 2040, cuando Estados Unidos se convertiría en exportador neto de hidrocarburos.

Los precios internacionales de los hidrocarburos han caído por la recesión en Europa, la contracción en China, al par que Estados Unidos es ahora uno de los grandes productores de petróleo, gracias a la ya comentada extracción petrolera en grandes cantidades de “tight oil”, lo cual ha permitido que se atreva a exportar de acuerdo con sus intereses geopolíticos. Todo ello aunado a la negativa de Arabia Saudita a disminuir su producción, prefiriendo conservar su parcela del mercado a mantener, apoyar, los precios de hace 3 meses cuando oscilaban entre 105 y 110 dólares el barril. Lo contrario de Venezuela, que ha perdido paulatinamente su porcentaje del mercado. Por otra parte, desde la primavera árabe, Arabia Saudita recibe gran presión para realizar gastos sociales que eviten germinación de movimientos cuestionadores de la monarquía.

Un columnista de The New York Times, Thomas Friedman, se pregunta si es mera coincidencia, por casualidad, entre la política de Arabia Saudita y Estados Unidos o es deliberadamente por intereses comunes. Disminuir el precio del petróleo es hacer a los actuales líderes de Rusia, Irán, Venezuela lo que ya hicieron (Estados Unidos y Arabia Saudita) a los antiguos líderes de la otrora Unión Soviética: bombear petróleo hasta que causaron graves estragos económicos al bajar el precio hasta un nivel insoportable para financiar el presupuesto. Igual descalabro sería ahora, cuando los ingresos petroleros son el 50% del presupuesto ruso. Hoy Libia, Iraq, Nigeria, Siria, están en graves dificultades políticas internas; Irán sufre las sanciones. Hace 10 años, por una situación similar los precios petroleros hubieran explotado, pero ahora sucede al contrario, lo cual sería más calamitoso si estos países en condiciones normales decidieran elevar la producción.

En Irán, los ingresos petroleros representan 60% de los totales del Estado. Nadie duda que los elevados precios petroleros facilitan el programa nuclear iraní que significa una fuerza desestabilizadora, por los desequilibrios creados, no solo en Medio Oriente sino mundialmente. Disminuir los precios de los hidrocarburos es hacer lo mismo con el financiamiento del presupuesto nacional y de esos programas. Presuntamente genera un ambiente de paz y hará que Irán otorgue más concesiones en las negociaciones en curso. ¿Por cuánto tiempo?

Parafraseando a Clausewitz, quien consideraba que la guerra era la continuación de la política por otros medios: ¿Es la baja del precio de la energía una guerra por otros medios petroleros? Tal vez. El mundo sigue conmovido por las intenciones rusas de reconstruir su imperio con los remanentes del antiguo dominio soviético, sobre todo, Europa, que no olvida cuando en Alemania Oriental habían 30 divisiones soviéticas amedrentando Europa Occidental con una invasión en 24 horas, como me lo dijo el presidente de la comisión de política exterior del Parlamento belga al visitar Caracas y lo atendí cuando era diputado. Tampoco olvida la “finlandización” de las naciones, es decir, muchos no podían hacer nada que molestase los intereses de la Unión Soviética, como ahora, que dudaban de aprobar sanciones por la agresión a Ucrania, temiendo encolerizar al oso ruso que podría cerrar la válvula del gas que les vende. Mucho más serio es el pánico que demuestran las naciones bálticas ante la posibilidad de volver al redil ruso.

Venezuela ha tenido una política exterior insensata, equivocada, en parte pueril; molestando cada momento y de diversas maneras a una gran potencia como Estados Unidos. Hay que desconocer la historia de las relaciones internacionales y ser insensible al impacto de los hechos, para no percatarse de que ningún imperio tolera semejante actitud de un país vecino. El bloqueo a Cuba. Los golpes de Estado en América latina, y en otras partes del mundo, son ejemplos. La antigua Unión Soviética no lo permitía, tampoco ahora China y menos Rusia, como lo acaba de demostrar en la anexión de Crimea, la invasión a Ucrania por intentar acercarse a la Unión Europea, y las amenazas a Polonia.

La política exterior de un país tan vulnerable, tanto por su exagerada dependencia petrolera como por la destrucción a propósito de su aparato productor, debería formularse y dirigirse con sutileza geopolítica, con diplomacia, sin entreguismos vergonzosos como en el pasado, pero tampoco con innecesarias afrentas impulsivas. Ahora, se verán las consecuencias que no deberían analizarse ligeramente, pues conduciría a políticas irreales, a espejismos. ¿Y quién paga aquí los “platos rotos” económica y políticamente? ¿Los que amasaron fortuna, robaron parte del billón (1 millón de millones) de dólares percibidos por exportaciones petroleras que, en connivencia con la pretendida oposición, no se administraron sabiamente? No vengan a decir, como es costumbre, que “el imperio existe” para esconder la crasa incapacidad para gobernar echándole la culpa a otros. Desde 2001, por razones que citaré más adelante, era previsible este escenario, esto es, el deseo de independencia energética de Estados Unidos y auspiciar energía barata mundialmente con sus consiguientes efectos geopolíticos. Pero aquí una seudodirigencia subyugó sin vergüenza Venezuela a Cuba para expandir y financiar en contra del bienestar de los venezolanos una presunta revolución latinoamericana pensando ingenuamente que el águila norteña, imperio, se quedaría tranquilo.