• Caracas (Venezuela)

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Sergio Monsalve

Despedidas y reencuentros

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El programa del Festival de Cine Español describe un mapa sobre las tendencias de la industria ibérica, al margen de las abstracciones y singularidades de la vanguardia.

El grueso del ciclo apuesta por la producción mainstream de calidad, un cierto reconocimiento crítico y el respaldo comprobado de la taquilla.

Sin embargo, la curaduría toma dos acertadas decisiones riesgosas: incluir un par de cintas incómodas (Caníbal y 10.000 Km), rabiosamente contemporáneas y dispuestas a retar al espectador acostumbrado a comer paellas insípidas de cajita.

Con la recomendación de una de ambas propuestas se inicia nuestra degustación del menú de la madre patria, desde lo alto del podio hasta la parte baja de la tabla de clasificación. 

De primero, celebramos el estreno de 10.000 Km, el definitivo perro verde, el ovni de la muestra. Narra, con una mirada contemplativa y documental, la progresiva erosión de una pareja, dividida por la distancia.

Grosso modo, es una versión 3.0 de aquella obra maestra de Francois Ozon, 5x2. Comienza con un potente plano secuencia de cerca de 25 minutos. Después ella emprende un viaje a Los Ángeles, por el lapso de un año, para desarrollar un proyecto de orientación artística (hacer retratos de no lugares).

Poco a poco, la grieta irá abriéndose en la relación, a pesar de los vanos intentos de mantenerla viva por medio de las redes sociales (Facebook, Skype y telefonía “inteligente”).

Como Her, el joven director desnuda las paradojas de la tecnología de punta. A base de elipsis y cortes secos, el guion va armando el camino paralelo de unos protagonistas condenados a separarse.

De forma sutil, el realizador desmonta la cultura hipster de Barcelona. Jóvenes creativos tomándole fotos a la nada y buscándole un sentido a su existencia. Algo como Caracas, ciudad de despedidas, pero más denso y comprometido.  

En un peldaño inferior, La vida inesperada también revisa el impacto del fenómeno del exilio, provocado por la crisis. Por tanto, los efectos colaterales de la depresión son evidentes.

A diferencia del caso anterior, el segundo filme citado no adopta el recurso de la tragedia minimalista, sino prefiere optar por el trayecto seguro de la comedia de enredo, rozando los linderos del melodrama melancólico. Javier Cámara interpreta al personaje principal, quien reside en un pequeño “piso” de Nueva York, donde recibe la visita de su primo.

De nuevo, surgen las diferencias y discrepancias, mientras cada uno intenta descubrir o encontrar su pedazo del pastel del sueño americano.

Rindiendo tributo a Woody Allen, La vida inesperada recicla ideas y tópicos del género, llegando a una conclusión agridulce.

Por ende, el éxito de los buscadores de fortuna será relativo. Les tocará aceptar su destino y resignarse a ejecutar su “plan b”. De no ser por su cantidad de clichés y estereotipos, podría tratarse de una cinta lograda. Por el contrario, supone uno de los focos intermedios de la selección, entre lo mejor y lo peor. El formato de serie televisiva le pasa factura, así como a otras películas del montón.

Hablando del asunto, 8 apellidos vascos despierta emociones encontradas. Entusiasma su interés por tocar un tema medio tabú de la agenda, el amor imposible, a lo Romeo y Julieta, de un andaluz con una vasca. Es el mismo verso de Papita, maní, tostón.  Al final, decepciona su estética de vodevil regionalista y caricaturesco.

Sea como sea, es un sano y necesario ejercicio por reconciliar a un país tan fragmentado y polarizado como el nuestro. El humor siempre le resta peso y fuerza a los extremistas de costumbre. Buena noticia. La violencia etarra le cede su espacio, en la pantalla, al clima de la distensión, de la risa como catarsis.  

La reseña continuará la próxima semana.