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Antonio Ecarri Bolívar

¿Despachamos a Copei?

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Empecemos por señalar que el error más grueso que ha cometido el partido socialcristiano Copei en los últimos años –desde que Planas fue defenestrado por Enríquez, equivocación que ahora repiten– es poner en manos del TSJ, léase del gobierno, los diferendos internos de un partido opositor por más que se hayan vulnerado, por parte de las dos direcciones anteriores, sus normas internas. La vieja conseja de que “los trapos sucios se lavan en casa” está más vigente que nunca. Todo eso es cierto, sin embargo “despachar” a Copei de la alianza democrática  es otra cosa que vale la pena analizar con detenimiento. Si vamos a hablar de política, con P mayúscula, debemos reflexionar; ahora, si queremos imitar las actitudes y procedimientos del oficialismo, al que queremos derrotar, entonces sería necio e impertinente detenernos en alguna consideración sobre este tema.

Me resisto a pasar por debajo de la mesa el gravísimo precedente de defenestrar al partido que coadyuvó a preservar la democracia en Venezuela e impidió, con su actitud patriótica, que Fidel Castro enarbolara la bandera cubana en las torres de El Silencio. No puedo siquiera imaginar que las banderas verdes, disminuidas como las de todos los demás partidos por este régimen totalitario, no vayan a ondear en los actos y concentraciones de la alternativa democrática, en estas próximas elecciones, porque eso sería como olvidar que ellas representan buena parte de la mejor historia de Venezuela.

Esas banderas representan a Rafael Caldera, Luis Herrera Campins, Pedro del Corral, Arístides Calvani, José Curiel, Eduardo Fernández, Oswaldo Álvarez Paz, Dagoberto González, Ramón Guillermo Aveledo, José Rodríguez Iturbe y toda una pléyade de hombres de Estado que dieron lo mejor de su vida en defensa de lo que aún queda de institucionalidad democrática, la que este régimen no ha podido destruir porque ellos, junto con los adecos, inocularon en las venas de los venezolanos el amor por la democracia.  

Es menester señalar que la muchachada que llegó a dirigir al partido y ha cometido esos errores aparecieron en el cotarro político cuando quienes habían usufructuado las mieles del poder –con excepciones que confirman la regla, como las de Enrique Mendoza, Curiel o Aveledo– pegaron la carrera cuando apareció Hugo Chávez y decidieron “ponerse las alpargatas porque lo que venía era joropo”. La juventud no es excusa, pero se convierte en atenuante cuando fueron dejados solos para recibir los palos de un gobierno sin miramientos para la inexperiencia política.

Es cierto que tampoco la MUD es instancia para dirimir problemas internos de las organizaciones, pero tampoco es argumento para expulsar a Copei de sus filas con la excusa de una malhadada sentencia del TSJ, cuando todas las demás decisiones del máximo tribunal han sido aceptadas por todos los partidos que integran la Mesa de la Unidad, incluida las inhabilitaciones de alcaldes, lo que obligó a la MUD a ir a elecciones municipales en las jurisdicciones afectadas en acatamiento a ese mismo politizado tribunal.  

 No estoy de acuerdo con el tono con que la nueva directiva provisional de Copei se refirió a la Mesa de la Unidad, al responder a los señalamientos de “caballos de Troya” que le hizo, con más precipitación que razones, el secretario ejecutivo; pero el hecho concreto de haber anunciado al país que no iban a ejercer su derecho a presentar candidatos, a pesar de la degollina de los suyos, es lo que hay que relevar porque esa decisión acaba de preservar la integridad ética del Copei, que ha hecho historia de la buena en Venezuela, descartando cualquier presunción de entente con el gobierno.

No tengo entidad para obligar a rectificaciones ni siquiera para dar consejos; aunque espero no me nieguen, mis compañeros de la MUD, aunque sea el derecho de implorar sensatez en esta hora aciaga que vive Venezuela, lo que nos obliga a empinarnos sobre pequeñeces para preservar una unidad donde nadie sobra y todos hacemos falta. Hay tiempo para todo cuando hay disposición para ello.