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Antonio Ecarri Bolívar

Derrotemos el fanatismo

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“Nunca vaciles en tender la mano, nunca titubees en aceptar la mano que otro te tiende” (Juan XXIII).

 

El fanatismo religioso o ideológico, que es casi lo mismo, tiene sus orígenes desde que apareció un animal caminando en dos patas, quien no regresó a su estado primigenio de cuadrúpedo así se le observe, con frecuencia, una conducta similar a sus ancestros de la jungla. La religión y la ideología tienen en común un término que hiela la sangre: ¡fanatismo! Antes de seguir la crónica, permítanme citar algunas frases celebres que intentan caracterizar esta excrecencia de la humanidad:

“Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable”. Voltaire.

“Del fanatismo a la barbarie sólo media un paso”. Denis Diderot.

“El fanatismo es la mezcla altamente explosiva de extremismo e imaginación”. Herbert Von Karajan.

“A las guerras de religión siguieron, luego de una brevísima tregua, las guerras de las nacionalidades y en nuestro mundo occidental moderno, el espíritu de los fanatismos religioso y nacional constituye, evidentemente, una sola y misma pasión.”  Arnold Toymbee.

Entiendo que las citas son extensas, pero considero imprescindible poner de relieve las características del fanatismo de izquierda o derecha y el peligro que representa el que prevalezca, porque su consecuencia es la confrontación violenta entre seres humanos. Ah, y con el agravante de la conciliación post facto, la que parece devolvernos a nuestra condición de cuadrúpedos originales, pues después de las muertes producidas por la confrontación, atizada por los que siempre quedan vivos, se reúnen al final a hacerse las infaltables autocríticas sentados en las tumbas de “los tontos útiles” que les hicieron caso.

Hay un notable pensador búlgaro-francés, Tzvetan Teodorov, quien afirma: “El acontecimiento político más importante del siglo XX fue el enfrentamiento entre regímenes democráticos y regímenes totalitarios, en que los segundos pretendían corregir los defectos de los primeros. Este conflicto, responsable de la segunda guerra mundial, de unos sesenta millones de muertos y de infinitos sufrimientos, concluyó con la victoria de la democracia. Se venció al fanático nazismo de derechas en 1945, y el hundimiento del fanatismo comunista de izquierda data de noviembre de 1989, con la caída del muro de Berlín que simboliza el desenlace. Es inconcebible que en un futuro próximo resurja la amenaza totalitaria. Es cierto que algunos países del mundo siguen reivindicando la ideología comunista, pero ya no nos parecen una amenaza, sino anacronismos que seguramente no sobrevivirán mucho tiempo”.

Si estamos convencidos que los fanatismos totalitarios causaron millones de muertos en el continente “más culto” de la tierra, mientras que nuestro “subdesarrollado” país ha tenido el buen juicio de  no saber de guerras desde hace más de 100 años, imitemos entonces el ejemplo de nuestra historia democrática, derrotemos a esa minoría marginal de fanáticos violentos de derecha e izquierda y abramos el debate civilizado entre venezolanos. No tenemos duda que si al fanatismo se le agrega el detonante del hambre y la escasez no habrá manera de dominarlo.

Entonces, vamos, desde el gobierno y la oposición ¡a derrotar el fanatismo! que es el caldo de cultivo del totalitario anacronismo que estamos a tiempo de evitar. Sigamos el consejo de “Il Papa Buono”:

“ ​N​unca vaciles en tender la mano, nunca titubees en aceptar la mano que otro te tiende”. 

 

 

aecarrib@gmail.com

 

@EcarriB