• Caracas (Venezuela)

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Vladimir Villegas

Derrotar la violencia, rescatar la política

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La mayoría de los venezolanos, incluidos partidarios y adversarios del gobierno, no quiere la violencia, la repudia como forma de lucha y como mecanismo de superación de las diferencias entre nosotros. Lo que ha ocurrido desde el 12 de febrero pasado hasta el día de hoy tiene que llamarnos a la reflexión a todos los venezolanos, porque se mantiene latente el peligro de que estas manifestaciones violentas puedan reaparecer con fuerza si no existe un liderazgo con capacidad y decisión de orientar la protesta por la vía democrática, sin atajos que lleven al país a un punto incontrolable de no retorno.

En forma pública y privada he manifestado mi rechazo a los abusos de los organismos de seguridad en el control de las manifestaciones. Se lo he dicho al propio presidente Nicolás Maduro, y sé que han sido llevados ante los órganos jurisdiccionales alrededor de 25 funcionarios involucrados en esas conductas reñidas con la Constitución. Ese ha sido un punto abordado en las reuniones de la conferencia permanente de paz, de la cual formamos parte también ciudadanos no identificados con el gobierno y que estamos allí para ayudar a crear las condiciones que permitan el diálogo con los partidos opositores y con el movimiento estudiantil que inició las jornadas de protesta.

También hemos llamado la atención sobre la necesidad de que el uso del lenguaje evite expresiones que conlleven a estimular el enfrentamiento entre venezolanos. No les corresponde a particulares sustituir la acción de los cuerpos de seguridad del Estado, y ésta tiene que enmarcarse dentro del más estricto respeto a los derechos humanos y a la normativa constitucional. Uno de los resultados que yo esperaría del diálogo es que podamos superar esta etapa violenta, que se expresa en la acción y en el verbo, y allí todos tenemos responsabilidad, comenzando por el gobierno, y también la oposición debe asumir la suya.

Hay que derrotar la violencia y rescatar el buen ejercicio de la política, y eso pasa por actos de coraje, de decisión, y de responsabilidad. No se puede, bajo ningún pretexto, justificar o hacerse los locos frente a las guarimbas, frente a la quema de unidades de transporte, frente al destrozo de instituciones públicas y privadas. Con la misma fuerza y firmeza que se denuncia la existencia de grupos armados o los abusos de los cuerpos de seguridad del Estado, la oposición democrática, por su bien, por su futuro como alternativa y, sobre todo, por el supremo interés nacional, tiene que deslindarse  clara y decididamente de esos sectores que promueven estas acciones violentas.

En el movimiento estudiantil ya se está dando ese debate y la tendencia es a que las principales federaciones del país retomen la agenda de lucha que se propusieron desde el comienzo y marquen distancia, sin complejos ni chantajes, de aquellos sectores que de una u otra forma introducen prácticas absolutamente contrarias a la naturaleza y a los objetivos de la juventud y los estudiantes.

El deslinde de la anarquía y de la violencia no es un acto de cobardía. Todo lo contrario, es una actitud valiente, firme y sobre todo responsable en una hora tan difícil como la que vive el país. Reclamarles derechos al Estado y al gobierno y hacerlo apelando a formas y métodos que violan los derechos de los demás ciudadanos pueden conducirnos a un cuadro de violencia generalizada e incontrolable, que nunca dejará nada positivo.

Lo que se impone es apurar el paso para que cuanto antes el movimiento estudiantil, y luego los factores opositores, cara a cara, le formulen al gobierno sus exigencias y sus planteamientos para que por la vía del diálogo democrático se aborden las causas de la protesta y se acuerden decisiones, rectificaciones y cambios favorables para todo el país.

Maja Poljak. Hace 90 años, el 12 de marzo de 1924, nació en Zagreb, antigua Yugoslavia, hoy Croacia, nuestra madre, Maja Poljak de Villegas. Encontró en Venezuela su segunda patria, y la quiso tanto como una más de esta tierra, por la cual luchó y trabajó incansablemente.