• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Alberto Krygier

Democracia y desigualdad

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Emmanuel Kant afirmaba: En el decir común, esto puede ser verdad en teoría, pero no se aplica en la práctica. Por su parte, el filósofo español Daniel Innerarity asevera que nos hemos acostumbrado a entender el mundo como algo inmediato, disponible y de fácil acceso.

Hago estas referencias aplicándolas al término de democracia. No todas las democracias son iguales ni unívocas.

Según Benjamin Barber, el reconocido experto en ciencias políticas, la modernidad puede ser determinada políticamente por las instituciones democráticas, sociales y culturales, y por la civilización de la tecnología. La democracia cobra valor solo cuando salvaguarda y protege los derechos del ser humano. Derechos como justicia, libertad de expresión, de conciencia, de información, de seguridad personal, de asociación, etc. Cuando garantiza una educación de calidad, acceso a la cultura, una prensa libre, igualdad ante la ley, Estado de Derecho, participación de la sociedad civil en la política, servicios de salud de primera. Sin todo ello, cualquier sociedad se derrumba y no merece el nombre de democracia.

Es indiscutible que existe una necesidad de aclarar o adaptar el concepto de democracia a las nuevas realidades sociales, tecnológicas y económicas de hoy en día.

Muchas veces se disfraza una dictadura, cubriéndola con visos de democracia. Es inaceptable que haya políticos que anteponen la paz a otras consideraciones. Todo va unido; no se puede tener paz sin libertad, sin seguridad jurídica, sin respeto a la justicia y a las leyes, sin cumplir con el derecho de la ciudadanía a la salud y a la educación. Si se carece de estos valores, la paz sería la del cementerio, la de la tumba.

Otro factor que juega un papel preponderante en el campo económico, político y social es la desigualdad. Para fomentar el crecimiento económico se pueden, y se deben, reducir las desigualdades tan manifiestas entre nosotros. Esto podría obtenerse con un modelo más equitativo de inversiones estratégicas en educación, capacitación, investigación, infraestructura y una regulación más apropiada de los mercados financieros. Con programas que modernicen las políticas activas de empleos y salariales. Un incremento de superación y bienestar, al igual que todo aquello que conlleve a la creación de un mayor número de empleos, son factores que contribuyen a recuperar las perspectivas económicas de un país. Es obvio que una mejor distribución de oportunidades genera más eficiencia y estimula el crecimiento y el desarrollo.

Sin embargo, la organización del Fondo Monetario Internacional, en un estudio titulado Redistribución, Desigualdad y Crecimiento, llegó a la conclusión de que las sociedades que comienzan con desigualdades se desarrollan con mayor celeridad porque ponen todo su empeño en emplear un espíritu empresarial y de innovación, y utilizan sus recursos para la apertura de oportunidades de negocios y para fomentar la educación.

La reducción de la desigualdad definitivamente hará que la economía se fortalezca al incrementar la posibilidad de que toda la población participe en paridad de condiciones. Si se logra una gerencia que combine este dinamismo con una adecuada redistribución, con toda seguridad se llegará a tener una economía sólida y, por ende, la población podrá disfrutar de un mayor bienestar.