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Héctor Faúndez

Demasiada imaginación

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Al interpretar un discurso de Leopoldo López y unos correos electrónicos supuestamente de la diputada María Corina Machado, tanto el Ministerio Público como los tribunales de Venezuela, en su delirio con un pretendido magnicidio, creyeron encontrar mensajes subliminales que sus autores ni siquiera imaginaron. Pero no es este un incidente aislado, ni es allí donde termina este desvarío; de manera que no tenemos que perder nuestra capacidad para sorprendernos.

Un caso menos conocido, pero no por eso menos alucinante, es el de Jaqueline Muñoz, aficionada a la literatura, que ya ha escrito algunos cuentos y poemas, y que, en la intimidad de su hogar, había emprendido el camino de escribir una novela. Independientemente de la trama que Jaqueline hubiera elegido para ella, por definición, una novela es un relato de ficción que tiene el propósito de recrear al lector. Pero lo cierto es que, para este gobierno, la novela que estaba escribiendo Jaqueline, con el título de “El amor en tiempos de Guarimba”, inspirada en la detención de su hijo por la Guardia del Pueblo, resultaba subversiva y peligrosa. No importa que no estuviera concluida ni, mucho menos, publicada.

El 22 de abril pasado, sin una orden judicial, Jaqueline fue detenida en su casa y, luego de ser presentada al tribunal penal correspondiente y de ser acusada de instigar al terrorismo y al odio social, fue enviada a la cárcel de mujeres de Los Teques. Cómo se sostienen esas acusaciones es algo que solo está en la mente del fiscal y del juez que lleva su caso. Por qué alguien que, desde su imaginación, está escribiendo un relato literario pueda estar en la cárcel, junto con presas comunes, solo lo pueden explicar ese fiscal y ese juez. Pero no cabe duda de que Jaqueline es lo que Amnistía Internacional denomina una prisionera de conciencia. ¿Cuánta ignorancia e insensatez se requiere para pensar que en las novelas de Víctor Hugo, D. H. Lawrence o Dostoievski hay odio social? ¿Se puede concebir que cuando Frederick Forsyth escribió El día del Chacal, o cuando Vargas Llosa escribió La fiesta del Chivo, estaban haciendo la apología del magnicidio?

Pero, en la detención de Jaqueline Muñoz hay otro elemento no menos preocupante. Se trata de la infiltración de grupos sociales por los llamados “patriotas cooperantes”, agentes encubiertos del Sebin que, sin necesidad de identificarse, pueden denunciar al amigo, al vecino o al pariente, no por la comisión de actos criminales sino por disentir de la mal llamada “revolución”; es un mecanismo para identificar y delatar a quienes cometan el crimen de pensar diferente. No se trata solamente de la violación de las leyes y del debido proceso legal, que garantiza el derecho a conocer las pruebas en su contra, a interrogar y contrainterrogar testigos, y a impugnar las pruebas que no se sostengan. Se trata, sobre todo, de la moralidad de una práctica propia de las dictaduras, que obliga a espiar y denunciar incluso a un ser querido.

Cuando surgió el Derecho, como forma de regular la conducta del hombre en sociedad, no se hizo con la intención de poner barreras a nuestra imaginación y a las creaciones del espíritu; pero, en Venezuela estamos en medio de una revolución que no tiene límites, como tampoco los tienen la ignorancia y la estupidez humana. Definitivamente, después de renunciar a su independencia, el Poder Judicial también ha renunciado al sentido común. Como en 1984, la novela de George Orwell, no hay que descartar que, en un futuro cercano, el gobierno disponga la creación de una policía de los pensamientos; pero, por el momento, los jueces venezolanos, con la ayuda de los “patriotas cooperantes”, ya se están encargando de cumplir esa función.