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Pedro Llorens

Demagogia degradada

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Nicolás Maduro insiste en radicalizar su política de halago (interesado) a las masas hasta llegar a diseñar una especie de dictadura de la plebe en la que todas las actividades estarán diseñadas, dirigidas y controladas por comunas y otras entelequias, cuando, su carnal ideológico Elías Jaua, canciller y presidente de la Corporación de Desarrrollo de Miranda, ha lanzado a los cuatro vientos la noticia de que “en Venezuela la pobreza disminuyó de un viaje de 30% a 5% y la meta del gobierno es llegar a pobreza cero para el año 2019”.

Si pretendemos estar a la par con suizos y finlandeses en materia de desarrollo social, ¿por qué no pensar un poco en la clase media que, dicho sea de paso, se nutriría de la pobreza rescatada, aunque estas, en muchos casos que conocemos, pasaron de los jeeps de las rutas troncales a veloces camionetas último modelo convertidas en ranchos.

En el fondo lo que hay…y ya estamos acostumbrados, es una larga tradición en demagogia que promete liderazgos, campeonatos, hazañas a los venezolanos por el hecho de serlo (¿raza superior o complejo de inferioridad?).

De Rómulo Betancourt cuentan que, durante su última campaña electoral (1958), mientras estaba de gira por Aragua, se enteró que el día anterior habían visitado ese estado dirigentes comunistas que apoyaban la candidatura de Wolfgang Larrazábal, y no pudo reprimir su sectarismo: “¡Yo no he venido para hablar de las contradicciones del imperialismo sino para anunciarles que les voy a construir un tronco de acueducto que acabará con la sequía que están padeciendo!”. En este caso cumplió.                 

No fue tan ocurrente ni tan directo el socialcristiano Luis Herrera Campíns en su amelcochado sermón del 2 de julio de 1983, pronunciado en el caserío El Cambural, parroquia de Carayaca del estado Vargas, donde se dirigió a los “privilegiados” carayaquenses que pueden vivir fuera del cemento (no tenían vías de acceso, ni luz ni agua, que prometió llevar, sin llegarlo a cumplir) “y no exasperados de tantos automóviles, de tanta gasolina, de tanta contaminación, de tanto no ver la exuberante naturaleza tropical como los habitantes de los grandes apartamentos, a punto de salir corriendo a beber un poco de aire fresco y puro como el que tienen ustedes”. Luego se metería en el auto presidencial y ordenaría: “¡Arranca Berroterán!”.

Si algo faltaba en materia de demagogia era “El sacudón”, donde “quien va a establecer el nuevo sistema de precios y todo el sistema de comercialización de los combustibles internos es el pueblo de Venezuela”.