• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Fermín Lares

Delcy

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Yo tenía un mes de reportero en El Nacional cuando murió Jorge Rodríguez, padre, bajo custodia de la Disip, la policía política antecesora del Sebin. Por esos días de 1976, me asignaron una rueda de prensa en el Ministerio de Relaciones Interiores, con el viceministro de entonces, cuyo nombre no recuerdo. La primera pregunta que le hice fue si continuarían las torturas en la Disip, como las que infligieron a Jorge Rodríguez. El hombre se retrajo con la pregunta, contestó con la respuesta obvia y siguió la rueda de prensa.

Entiendo, aunque no lo comparta, el radicalismo de los hijos de Jorge Rodríguez, Delcy y Jorge, este último alcalde de Caracas. Mi reacción inmediata cuando me enteré del nombramiento de Delcy como canciller fue negativa. “Una talibana”, pensé. E instantáneamente lo relacioné con la noticia latinoamericana del momento, la reanudación de relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

“Cuba se empezó a abrir al mundo, como lo pidió en 1998 el papa Juan Pablo II, en La Habana. Y el mundo, desde Estados Unidos, se abrió aún más hacia Cuba,” me dije para mis adentros. “Y Maduro nombra a Delcy, quien ha dado más de una prueba como radical chavista, en vez de aprovechar el momento para un cambio de rumbo”.

El presidente venezolano dijo que Rafael Ramírez dejaba de ser ministro de Relaciones Exteriores y pasaba a ser embajador ante la ONU, por la relevancia que tendrá ahora la presencia de Venezuela en el Consejo de Seguridad del organismo mundial. Quiere decir que ni Samuel Moncada, quien ocupaba el cargo ahora en manos del ex ministro rojo-rojito, ni la propia hija del comandante eterno, recién enviada a Nueva York, calzaban lo suficiente para representar al chavismo en el ente multilateral.

Maduro dio explicaciones sobre la salida de Ramírez de la Casa Amarilla, pero no de la entrada de Delcy. 

Sin duda que ser hermana de Jorge Rodríguez, quien tanto ha dado a la revolución desde sus tiempos de presidente del Consejo Nacional Electoral, pasando por la Vicepresidencia de la República y ahora como gran jefe del PSUV (y, asumimos, uno de los principales asesores de Nicolás Maduro), le da un gran peso a ese nombramiento. Pero Delcy también ha aportado lo suyo. Nada más recurramos a su gestión como ministra de Comunicación e Información.

En los tiempos de Delcy como titular de la cartera ministerial directamente relacionada con la libertad de expresión e información no solo se produjeron las controversiales compras de dos de los tres periódicos más importantes del país, Ultimas Noticias y El Universal, alegadamente por parte de inversionistas favorecidos por el régimen; Delcy es recordada por su actitud militante contra la oposición y su enfrentamiento con medios internacionales durante las manifestaciones antigubernamentales de protesta que desde febrero de este año y por unos 3 meses sacudieron al país, con un resultado de más de 40 muertos.

La cobertura de las protestas de febrero provocó la salida del aire en Venezuela del canal colombiano NTN24 y la expulsión del país de la reportera de CNN, Patricia Janiot, teniendo a Delcy como ministra de Comunicación.

Entre enero y abril de este año, se agudizó la crisis en los medios impresos por las dificultades en conseguir divisas para importar el papel periódico. Para abril, este mismo diario denunció que 13 periódicos habían salido de circulación por falta de papel y otros 17 tuvie­ron que reducir su tamaño. Delcy dijo entonces que entre los problemas para el otorgamiento de divisas a los periódicos estaba que los medios compraban el papel a dólar preferencial y lo revendían a precio del mercado negro.

Delcy es dura. En otros cargos que ha ostentado desde el gobierno quizás se ha podido dar ese lujo. Pero ahora es la jefa de la diplomacia venezolana, la primera mujer que ocupa esa posición en el país. Podrá seguir siendo dura, pero también habrá de manejarse con mano izquierda (o con mano derecha, en su caso).

Ciframos nuestras esperanzas en que ello sea así. Las oportunidades las tiene. Pudiera ser una ministra pragmática que cambie el timón de las relaciones exteriores venezolanas, especialmente con Estados Unidos, sin que la tilden de contrarrevolucionaria. Como lo hizo hace días Raúl Castro. Como lo hizo el anticomunista Nixon, cuando estableció las relaciones de Estados Unidos con China. Como lo hizo el conservador y demócrata cristiano Rafael Caldera en su primera presidencia, quien reanudó las relaciones de Venezuela con Cuba y las abrió con la Unión Soviética.

Que no me llamen ingenuo por estos deseos de fin de año. Estados Unidos sigue siendo el primer socio comercial de Venezuela, casi la única fuente de las divisas que ingresan al país. Ojalá el chavismo abandone la paranoia antiimperialista y la fijación contra la economía de mercado en 2015, para que funcionen mejor las cosas. Que los ultraizquierdosos venezolanos se vuelvan más pragmáticos. Que Venezuela se abra más al mundo, en lo externo y en lo interno. Son mis sinceros deseos. Feliz año.