• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Demetrio Boersner

Dejar que se extinga solo

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En la América Latina del siglo XX han existido regímenes populistas autoritarios que inicialmente tuvieron gran popularidad por el carisma de sus caudillos y por sus programas de asistencia social clientelar y limosnera, pero que a la postre fueron derribados o cayeron por el peso de su propia ineptitud. Es interesante notar que los que cayeron violentamente, mientras aún conservaran la adhesión de multitudes, se convirtieron luego en movimientos de protesta popular con larga vida y capacidad de recuperar el poder por vía electoral, en tanto que los que se desprestigiaron y agotaron en forma gradual quedaron neutralizados. El peronismo, derrocado por un golpe cívico-militar en 1954, cuando conservaba prestigio popular, renació cual ave fénix y es la primera fuerza política de Argentina hasta el día de hoy. En cambio, no sucedió lo mismo en Perú donde, a partir de 1975, el populismo militar fue neutralizado suavemente por quienes proclamaban la presunta “continuidad de la revolución” mientras de hecho restauraron la democracia liberal. Para la recuperación de la democracia en uno de nuestros países es preferible que el populismo autoritario no caiga por algún brusco empujón que le permita denunciar “fascismos”, asumir aureolas de mártir y encabezar futuros movimientos de protesta popular, sino que, por incapaz y corrupto, se desprestigie y se enrumbe hacia una extinción inevitable.

Sin embargo, esa extinción necesita ser impulsada y acelerada por una oposición democrática poderosa, que combine la búsqueda de soluciones negociadas con la presión de masas en la calle. Debe fortalecerse cada vez más la voluntad y la cohesión de hombres y mujeres de todos los estratos sociales que manifiesten su anhelo de cambio político liberador. Por encima de divergencias de opinión y de intereses individuales, debe buscarse una unidad doctrinaria y programática fundamental que, en todo caso, deje en claro que no se busca la restauración de privilegios sino el avance hacia una democracia que combine la libertad con la justicia social. Debe tenerse clara conciencia de que el cambio liberador no es posible si no se logra convencer y ganar la confianza de los sectores populares que todavía (pese a mucha desilusión) se consideran partidarias del régimen. Con esa finalidad hay que evitar toda desviación hacia actitudes de tipo “golpista”, elitista o de ultraderecha. Es necesario descubrir y denunciar provocaciones divisionistas emanadas del régimen y de sus asesores cubanos, así como desalentar a personajes intrigantes. La MUD y la calle deben ir dialécticamente unidas, no para “derrocar” ni actuar al margen de la Constitución, sino para impulsar una extinción natural, dictada por las leyes de la historia.