• Caracas (Venezuela)

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Sergio Antillano

Defiende tu sombra

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Pasada la medianoche, ruidos de un camión y sierras podadoras, mezclados con voces humanas, despertaron a los vecinos de la calle La Colina, cerca de su cruce con la Minerva, a una cuadra de la avenida Victoria de Las Acacias, en Caracas. Desde las ventanas divisaron un pesado camión blanco de la Alcaldía de Caracas y una cuadrilla de hombres que, sierra en mano, procedían a talar un inmenso árbol de más de veinte metros de alto; frondoso y vital.

Completaban la escena cuerdas de mecate, atadas a ciertas ramas, uno que otro vecino y obreros de uniforme. El ruido del motor del camión se unía a voces inentendibles que emergían de aquella oscura noche de insólita tala nocturna. Gritos de reclamo de vecinos no se hicieron esperar. Algunos preguntaban la razón de tal despropósito. Otros comentaban lo inapropiado de la hora, mientras los más ingenuos preguntaban por los permisos del caso. Todo fue en vano. La cuadrilla no detuvo su destructiva labor y en la oscuridad reinante, derribaron el árbol sin explicar ni dialogar. Dejaron sólo un "tocón" y recogieron presurosos los rolos de la preciada madera del tronco y ramas del árbol masacrado. De inmediato iniciaron en otro árbol la brutal tala. De ese segundo árbol, algo más joven, dejaron apenas un tronco erguido de unos tres metros de alto; mutilado y sin hojas, seguramente no retoñará.

Ambos árboles formaban parte de una hilera de especímenes botánicos que en esa calle, por décadas, alimentan con sus frutos a bandadas de guacamayas y otros psitácidos que acuden rutinariamente a sus ramas.

Esa comunidad vegetal, integra la zona de amortiguación que en sus alrededores protege a la UCV y el Jardín Botánico. Esos árboles, con su frondosidad y hojas, aportan oxígeno al aire del sector, lo limpian, al tiempo que dan cobijo y vivienda a muchas especies de aves y aportan sombra, ayudando a modular el microclima; evitan que el sol caiga implacable sobre la calzada y las fachadas de edificios.

Ahora, nada de ello ocurre en el claro abierto en la acera con la tala de estos ejemplares. Allí el sol ahora multiplica calor en el cemento. En las tardes, cae directamente sobre la fachada oeste del edificio Minerva y la fachada principal de su vecino.

En esos mismos días, se produjo el asesinato de un inmenso jabillo de la avenida San Juan Bosco, de Altamira, en Chacao.

Había nacido y crecido frondoso en la conocida avenida de la capital. De tallo grueso y con la fortaleza de un árbol adulto de varias décadas, estaba vital, resistiendo lluvias tormentosas, vientos intensos y otros desequilibrios. Su presencia nunca fue amenazante ni causó daño a nadie; muy por el contrario, tal como sus parientes talados cerca de la UCV, su presencia solo trajo calidad de vida a los humanos y servicios ambientales a otras especies vivas. Vecinos, pájaros y loros, ardillas e insectos de diverso signo fueron testigos de ello.

Con similar desparpajo al de los taladores nocturnos de la urbanización Las Acacias, una cuadrilla, blandiendo ignorancia y sierras, descendió de un camión, instalaron escalera y acometieron su labor destructiva. Tardaron, no obstante, una semana para vencer el portentoso ejemplar botánico que se negaba a ser derribado. Aunque muchos ciudadanos les pidieron que no cegaran esa vida casi centenaria, nada detuvo la insensatez. Tumbaron el árbol.

En días recientes, un crimen ecológico contra tres árboles adultos, que gozaban de salud y brindaban buena sombra y agradable microclima a su entorno, fueron talados brutalmente en la acera de la fachada del Centro Clínico de Orientación y Docencia, ubicado en la calle Maracay de la urbanización Las Palmas (a media cuadra de la plaza) y cerca de la Alta Florida, también en Caracas.

Ese centro clínico es un servicio público del gobierno metropolitano. Allí apoyan a niños con dificultades de aprendizaje...

Pero la ignorancia en materia ecológica que demuestran sus administradores con esta criminal tala hace dudar de su capacidad para orientar.

La tala de árboles no cesa en Caracas, y se repite en el caluroso Maracaibo, donde unos ciudadanos conscientes de nuestra dependencia ecológica de los árboles, han creado el espacio en Facebook "La tala silenciosa", donde cada quien coloca fotos de árboles derribados.

Un inventario de testimonios del horror y barbarie que es la tala cotidiana, la desaparición del paisaje botánico.

Al homocentrismo arrogante que ignora el rol de la vegetación en la calidad de vida y bienestar ciudadano, se suma ahora el debilitamiento de instituciones como alcaldías y gobernaciones, que debieran velar por la conservación de los árboles y plantas. Los esfuerzos de educación e información ambiental son precarios.

La negligente abulia del MARN e Inparques en materia de vegetación urbana equipara con la creciente anarquía en la ciudad, donde cualquier brutazo procede a tumbar los árboles que le place...

Nadie defiende la sombra y "sin sombra, no hay luz", como decía la banda Sentimiento Muerto.