• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Debatir sobre el año 2015

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Si el precio del petróleo venezolano llegase a 75 dólares por barril durante el 2015, se produciría una disminución de 11 millardos en los ingresos del mismo período, es decir, una merma significativa de los recursos necesarios para atender a la cada vez más larga y urgente lista de problemas. Esta posibilidad que hoy amenaza el horizonte de 2015, podría, o no ser tan grave o resultar todavía peor, puesto que la variable que la determina, los precios del petróleo, son en lo esencial un factor de alta volatilidad.

Desde cierta perspectiva, el problema venezolano escandaliza por su grosera simpleza: si el precio del petróleo escala por arriba de los 100 dólares en promedio, el gobierno dispone de recursos en abundancia para responder a algunas demandas sustanciales de la sociedad. Si ocurre lo contrario, y el precio promedio baja hasta el punto donde se encuentra hoy, alrededor de 76 dólares por barril, y todavía muestra una tendencia hacia la baja, entonces las perspectivas anuncian tiempos todavía peores a los de este 2014, lo que autoriza a cualquier venezolano responsable a preguntarse cómo serán las cosas en Venezuela el año que viene.

No reconocer que la pregunta sobre cómo serán las cosas es legítima, no solo entre los economistas y expertos, sino también entre las madres y los padres, entre los dirigentes sindicales y entre los empresarios, entre los directivos de las distintas instituciones y entre los dirigentes de las comunidades, es mucho peor que una torpe precaución política: es nada menos que intentar cubrir la realidad con un manto de irrealidad.

El gobierno insiste en negar los hechos. Insiste en su objetivo de sustituir los datos de la realidad por prácticas de ocultamiento, tal como lo han denunciado los técnicos del BCV, organismo ahora especializado en retrasar la publicación de la tasa de inflación. Insiste en inventarse un país de propaganda. Insiste en hacer gestos absurdos, como la publicación de un aviso en The New York Times, para mostrarse fuerte y desafiante, cuando lo cierto es que se trata de un gobierno endeudado, cada vez con menos reservas internacionales, sin estrategia económica alternativa, dedicado a mentir a las empresas dentro y fuera de Venezuela.

Los sectores democráticos venezolanos tienen por delante la tarea de promover ante el país un amplio debate sobre la situación del año por venir. La sociedad venezolana debe conocer lo que se avecina y tomar previsiones ante un posible escenario de mayores carestías y penurias. El gobierno mentiroso e incompetente ha dicho que tiene respuestas a los posibles escenarios de una baja todavía más pronunciada de los precios del petróleo. ¿Cuáles son esos escenarios y cuáles las medidas que se tomarían?, es una pregunta que el gobierno está en la obligación de responder al país. Puesto que hay antecedentes suficientes que nos autorizan a pensar que Maduro y sus ministros no lo harán, sino que mantendrá su patógena práctica de negar la realidad, le toca a la sociedad asumir la responsabilidad de debatir el año 2015.