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Juan Carlos Ballesta

Damon Albarn: el geniecillo del britpop

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Parece mentira que tras una exitosa carrera de 25 años junto a varias de las más notables bandas de nuestro tiempo (Blur, Gorillaz) y diversos proyectos de corta duración pero alto impacto (Mali Music, The Good, The Bad & The Queen, Rocket Juice & The Moon) en los que ha compartido con Paul Simonon (The Clash), Simon Tong (The Verve), Tony Allen (Fela Kuti) y Flea (Red Hot Chili Peppers), entre otros, el inglés Albarn apenas ahora esté editando su primer disco solista (eso si excluimos los recientes experimentos Monkey y Dr Dee y el viejo álbum de demos, Democrazy).

Albarn ha construido una carrera de inmensas proporciones desde aquel primer intento con Seymour. Situados en 1991, cuando Blur editó su primer disco, fuertemente influenciado por la escena de Manchester, pocos imaginaban el desbordante talento que atesoraba, que ha ido puliendo con el tiempo. Rápidamente afloraron las verdaderas influencias (The Jam, The Kinks, XTC, The Beatles…) y la paleta sonora se amplió, ganando confianza en sus habilidades como compositor, junto con el guitarrista Graham Coxon. La fantástica trilogía de álbumes, Modern Life Is Rubbish (1992), Parklife (1994) y The Great Escape (1995), consolidó a Blur y a su frontman, no sin las consecuencias que conlleva la fama siendo aún muy joven. Luego de Blur (1997), el más vendido internacionalmente, Albarn comenzó a interesarse por una gama estilística más amplia, lo que se notó en 13 (1999) y Think Thank (2003) –ya sin Coxon y en medio del avasallante éxito de su nuevo proyecto, Gorillaz–.

Albarn necesitaba editar un disco sin el escudo de una banda o proyecto. Escuchando los doce temas que componen Everyday Robots, su debut como solista lanzado el 28 de abril, no es difícil concluir que cualquiera hubiera podido ir a parar a un álbum de Gorillaz, Blur o The GB&Q, con los respectivos arreglos. Lo que suena diferente es la intimidad que se siente; es un disco casi confesional. Se hace patente que su impronta ha quedado especialmente marcada en cada uno de los capítulos musicales que ha emprendido, sin nunca llegar a repetirse. Aquí, cada tema luce su propia vestimenta, en apariencia austera pero en realidad llena de pequeños ornamentos. La voz de Albarn, siempre cargada de melancolía, nos conduce a lo largo de 46 minutos en los que es difícil destacar unas canciones en detrimento de otras. Quizá los momentos de mayor introspección son la oscura “Hollow Pond”, la nostálgica “The Selfish Giant” (con la participación de Natasha Khan/Bat For Lashes) y la enigmática “Photographs (You Are Taking Now)”, con la voz sampleada de Timothy Leary leyendo extractos de su libro The Psychedelic Experience. Es notable el trabajo de Brian Eno en “Heavy Seas of Love” y en la más experimental “You and Me”.

La participación de The Leytonstone City Mission Choir no solo lo acerca al gospel y al soul, sino que es una conexión directa con su niñez en esa zona del este de Londres.

Mención especial merece el aporte del productor Richard Russell (cabeza del sello XL), quien hizo un soberbio trabajo manipulando sonidos, ritmos grabados en África y otros efectos que formaron un colchón instrumental ideal. Aunque es un disco difícil para tocar en festivales y grandes recintos por su carácter intimista, a estas alturas Albarn está más allá de esas nimiedades. Toda su obra lo respalda y licencia.