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Oswaldo Álvarez Paz

Un camino posible

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No diré nada original. Parto de convicciones sobre la economía como ciencia con principios, técnica, sus normas sin impedir el arte de crear en la ejecución de lo anterior. Pero si se olvidan los factores que la rigen, los fracasos son inevitables. En esta materia no hay nada nuevo bajo el sol. Basta con hacer el inventario relativo a los países triunfadores y los fracasados. Todos tienen problemas, normalmente serios, pero la diferencia está en las políticas que unos y otros desarrollan para superarlos, también para preverlos.

La situación venezolana ofrece un ejemplo de políticas fracasadas en lo económico, en lo financiero y especialmente en lo monetario. Lamentablemente muchos de nuestros profesionales, de hecho o de derecho, sobre la materia, se agotan en el diagnóstico sin atreverse a plantear las soluciones radicales que la actual crisis impone. Con su silencio con relación a este punto, aunque sean críticos severos del régimen, terminan siendo cómplices de cuanto sucede. Hace falta una importante dosis de coraje en muchos de ellos que para evitar ser etiquetados como “capitalistas”, o sirvientes de los grandes capitales nacionales o internacionales se abstienen de hablar conforme piensan.

Pero en estos días se han levantado voces calificadas planteando soluciones concretas e invitando al debate sobre lo que plantean. Una de ellas es la referida a la dolarización de la economía como camino para lograr la estabilización a corto plazo. Confieso que algunos artículos y comentarios sobre el tema se corresponden con bastante aproximación a nuestras convicciones personales. Poco expresadas, cierto, más por timidez y relativa ignorancia que por falta de atención a cuanto hacen estos mediocres importantizados que manejan el Gobierno. Mayores daños a la nación siempre los habrá mientras esto continúe. Los países nunca tocan fondo. Siempre pueden estar un poco peor. Hemos dicho que se toca fondo cuando las cosas que se hacen mal empiezan a hacerse bien. Los resultados van determinando el cambio. Lo peor que puede pasar es que no pase nada y esto continúe por el camino actual.

El planteamiento de dolarizar la economía merece ser debatido con seriedad. Quisiera oír los razonamientos en contra, especialmente del mundo socialista, castrocomunista, que desde La Habana controla y orienta al régimen actual. Es una fórmula para evitar devaluaciones sorpresivas y fuga de capitales generada por la incertidumbre. Algunos de los objetivos serían reducir la inflación a los niveles internacionales sin afectar la circulación de dinero sano.

Repito, nada de lo dicho es original, pero llegó la hora de reivindicar al “bolívar”, devaluado, empobrecido y despreciado como moneda nacional. Hasta valdría la pena cambiarle el nombre. El Libertador no merece que su identificación esté en el barranco del sistema monetario internacional.