• Caracas (Venezuela)

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Marcelino Bisbal

Conectados a lo escriturario

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En esta nuestra primera columna me he prometido que no quiero referirme a la política, a lo que pasa en el país y a las desazones que provocan el desabastecimiento, la inseguridad, la violencia, la corrupción, los periodistas agredidos, y a la poca inteligencia de los que nos mandan desde Miraflores y hasta desde los cuarteles. Porque Miraflores y Venezuela se van pareciendo cada vez más a un mundo cuartelario de órdenes y usted y yo obedecemos. Aunque las órdenes sean lo más absurdas y cantinfléricas que nos podamos imaginar. Pero ya estamos escribiendo de la situación del país y no. No es lo que queremos.

Un tema del que mucha gente habla y refiere sesudas ponencias académicas es sobre la digitalización que está sufriendo el mundo y la vida-hoy. Alguien podría decir que hasta el pensar y nuestra forma de ser se han vuelto digital. Lo digital nos está envolviendo por todos los rincones de la vida, no hay manera de escaparse. En el país, ante la falta de papel para las ediciones, tanto de periódicos como de libros, la alternativa que nos queda es la digitalización de los contenidos textuales y audiovisuales para que ellos puedan llegar. Pero este es otro punto que nada tiene que ver con la revolución cultural que están sufriendo los soportes para las ideas y los contenidos en general. No solamente porque estamos en un mundo global, en Venezuela lo digital se convierte en alternativa lectora, en carta de navegación. La otra parte de esa realidad es producto de unas políticas públicas anacrónicas.

Sigamos refiriendo que los libros y los lectores están en tránsito hacia nuevas formas de presentación, dejando el papel de lado, y por ende los lectores también adquieren, deben hacerlo, nuevas destrezas para una lectura que se ofrece distinta. Esta digitalización del libro y de la lectura está siendo decisiva y determinante en el paisaje cultural y social del presente. Esto se traduce en la presencia de una sociedad distinta y en la renovación de los horizontes culturales.

¿Y en el contexto nuestro? Como diría U. Eco: a paso de cangrejo. La sociedad del presente venezolano está más próxima, en todos sus ámbitos, a la prehistoria (mejor que a la premodernidad) y al atraso que a la realidad de un país moderno. El gobierno no ha sabido aprovechar lo cuantioso de la renta petrolera para alzarnos al futuro, sino todo lo contrario. Los signos promisorios que ofrece este siglo XXI no tienen nada que ver con las señales que refiere el país en estos momentos. Es que Venezuela no va bien. El socialismo del siglo XXI no es más que conflictos, exclusiones y profundo resentimiento social. Un país no se hace con la mirada hacia atrás, sino mirando hacia delante.

Los libros, los periódicos y, en síntesis, lo escriturario sufrirán cambios y desgastes provocados por el tiempo. Y es el tiempo transcurrido el que ha inventado y puesto en nuestras manos las pantallas audiovisuales, las tabletas electrónicas, los teléfonos móviles inteligentes, las bibliotecas virtuales con su infinitud de libros también virtuales. Pero todos estos formatos y sus lenguajes estarán siempre ahí en “homenaje sonriente –decía alguien– a la galaxia Gutenberg”.

Se acaba de celebrar el VI Congreso Internacional de la Lengua Española. Los temas más debatidos, junto con hablar de la lengua española y el libro, fue el adiós al papel y el futuro digital. ¿Cuál es el futuro que aguarda al libro? Lo escriturario desde su invención –que conmovió al mundo antiguo, hasta la aparición de los lenguajes audiovisuales que hicieron a algunos profetizar el desplazamiento de los soportes tradicionales de la cultura letrada, cosa que no ocurrió– y sus distintas formas de presentarse ha venido erigiéndose como un bien preciado para el conocimiento y la transmisión del mismo. Qué bien lo expresa Eco al decir que “el libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, la tijera. Una vez que se han inventado, no se puede hacer nada mejor. El libro ha superado la prueba del tiempo… Quizá evolucionen sus componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es”.

Pero seguimos conectados a lo escriturario aun a pesar de todas las dificultades que atraviesa el país con el tema del papel, la terrible lentitud de la banda ancha y la poca disponibilidad de conexiones. Todo por obra y gracia de los que nos desgobiernan. De ahí el des-orden reinante.